lunes, 15 de enero de 2018

A sorbos breves e intensos: Reseña del libro "Cuentos para un café"








Cuentos para un café es un libro escrito por Aina Rotger Carlón editado por  la editorial Titanium. 103 relatos cortos que podíamos considerar microrrelatos.

Son historias que abarcan un amplio abanico de situaciones y como no sensaciones y sentimientos. Momentos  tan cotidianos como pasear, entrar en una librería, recordar, mirar por la ventana, tirar la
basura, se convierten en magia, nos hacen pensar en qué hay más allá de nuestras vidas, te hacen soñar y rememorar,  te identificas con quienes aparecen entre sus paginas.

Leer uno pide  más cierto que también cuando llevas varios te apetece pensar y disfrutar de lo leído y mezclarlo con los recuerdos o fantasías que te evocan. Sin caer en el titulo del libro es como un buen café o un buen vino, se disfruta a cada sorbo con todos los sentidos y después de haberlo tomado sigue quedando un gusto en el paladar y en la mente.


Ainhoa.




La obra de Aina nos lleva, entre la sorpresa y el desconcierto, hasta un mundo de evocaciones y reflexiones que tan sólo es breve en su forma externa. Cada relato es una puerta invitadora: al cruzarla encontramos situaciones familiares contempladas desde ángulos originales, sensaciones conocidas que revelan otras formas de experiencia, lo cotidiano reflejado en espejos que devuelven otras miradas. Es un placer detenerse a observar, saborear las palabras, repensar detalles, compararlos con nuestra manera personal de asumir situaciones parecidas y, a la vez, tan diferentes. Ver el mundo que creemos conocer a través de otros ojos es muy enriquecedor. 


Guille.




Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

lunes, 1 de enero de 2018

Las brasas del año viejo.





Dicen que el fuego que no se ha apagado en la mañana del año nuevo, traerá buena suerte a quien lo vea. Por eso os dejamos aquí nuestra hoguera particular para que os ilumine en este 2018. 

Feliz año nuevo para todos los que nos leéis!!!
Urte berri on
Happy new year.

Imagen de Gregoria Moran. 



viernes, 15 de diciembre de 2017

Un aperitivo de Navidad




No siempre te dejan probar lo que te apetece, nosotros nos saltamos la regla. Dadle un mordisquito, echad una ojeada y felices fiestas!!!




domingo, 10 de diciembre de 2017

¿Dónde está el huerto?




No se conocieron con quince años. Ni en el mismo instituto, ni el mismo pueblo, ni la misma cuadrilla.

Tampoco tendrían por qué haber conectado. Él era largo, flaco, de manos y pies grandes. Del antiguo pueblo, pálido de pellejo, ojos color bosque oscuro, pelo de ala de cuervo, nariz ganchuda.

Se juntaron tarde. Tarde tuvieron una nena más lista que el hambre. Ana. Anne. Total, no suena tan diferente. 

Aita (papá) se buscó un trocito de huerto que alquilaban por precio simbólico los del ayuntamiento. Ama (mamá) iba cada día en autocutre a su trabajo. Ana (o Anne), a la escuela. Aparte de lo cotidiano todos hacían más cosas. Pero eso se sale del cuento que contamos.

Papá no estaba muy dispuesto a dejarle una azada a su hija. Porque era una azada, y pesa, y porque las nenas no son fuertes, y porque quieras o no, haces cuentas sobre las cuentas que otros hicieron. Pero la nena preguntaba. Acertando. Y al final le dejó la azada y sus propias manos, no la jodamos y te hieras, yo te ayudo. Cavemos.

Cavemos fue vamos a ver si espigan, agua a ver cuánta cayó, vamos con la cesta, vamos al monte. A las veras del río a por los bulbos del hinojo. Arriba, en su tiempo, a por castañas. A por hongos. A por barbarverdes o lo que ciertos árboles rezuman, que ya sabían de eso las amoñas (abuelas, en genérico, ancianas sabias).

Una noche Ana (o Anne) entró en tromba en la alcoba de sus padres. Como un rompehielos, tras sus pies descalzos el perro, la gata, y una bocanada de frío que volvía reales cuentos y leyendas. Mamá y papá se tiraron de la cama,¿Qué pasa, hija, tranquila...qué es?

Era el viento. Había pelado todos los huertos, a ras de suelo, cercanos al río. Una guadaña sin mano que la esgrimiera. Lo que se tenía en pie estaba negro, congelado y quebradizo. Esa es la vuelta de la marea.

Cuando Ana (o Anne) creció, hizo muchas cosas. Entre ellas, escribir un cuento infantil ("¿Quién se llevó mi huerto?")  y un libro para todas las edades titulado "La vuelta de la marea". Me han contado que en él se narran infinitas historias viejas de tiempos perdidos y de sabiduría. Estoy deseando leerlo. 


Imagen wikipedia, creative commons.

Dedicado a Ainhoa, mi compañera, cuya magia alcanza hasta a contarme cuentos en sueños.




miércoles, 6 de diciembre de 2017

Comunicando




Recién instalada. La puerta acababa de  cerrarse tras sus amigos. La primera cena en su nuevo hogar había superado la prueba de fuego. Una reunión animada, comida china, juegos de mesa, una peli , y al final una larga tertulia. Fue apagando las luces hasta dejar nada más la de su habitación. Pasó por la cocina, donde los cacharros esperaban  la fregada del día siguiente. Apagó la luz antes de meterse en la cama. Le gustaba sentir el frío suelo a través de los calcetines, antes de entrar entre sabanas y mantas. Cuando los recuerdos de su estrenado hogar y las sensaciones de placer después de haber recordado toda la mudanza se asentaron, se dejó  llevar hacia el mundo de los sueños. Entonces sonó el teléfono fijo una vez, eran más de las dos de la mañana, nadie en su sano juicio llamaba a aquellas horas. Se tapó con las mantas y cuando estaba a punto de dormirse ocurrió lo mismo. Otro tono, y silencio. A la tercera se levantó y desconectó el fijo, ya casi nadie los tenía.  Fue a la cocina y echó una mirada asesina a los platos que se acumulaban.

Una idea obsesiva se enseñoreó de su mente. Las llaves. De nuevo atrás en el breve pasillo, localizar su bolso, agitarlo esperando oír el sonido tranquilizador. No. Cálmate. Mira. Al final las llaves estaban justo donde debían estar, puestas por dentro en la cerradura con su buen cerrojo bien corrido. Sensato. Lógico.


La lógica salta por los aires la primera vez. Es tu casa (alquilada, ya). Son tu responsabilidad, las llaves y el cerrojo. Es el inmenso silencio que no contarás a nadie, la alquímica mezcla de desamparo, terror, voluntad, erratas, capacidad y máscaras. Mañana se fregarán los platos. En unas semanas breves tus amistades soltarán las lenguas y juzgarán: que valiente. Que imbécil. Mola la zona. Baratito, se nota. Tampoco está tan mal. El vestido es de hace dos temporadas, pero le sentaba. Cutre hasta el vestido. Si, es muy maja, muy buena gente, pero le hace falta un tío. O una tía. O un gato. Nos lo pasamos genial, buenas copas gratis, se curró el buffet casero. Ya, para cattering no le daba. Independiente, joven, con casita, mola.


Durmió bien. Se fue a currar de independiente jugándosela, zapato plano y ropa con dos temporadas. Y cuando volvió fregó los platos, se puso cómoda, se repantingó en el sofá color diez temporadas antes, encendió el Pc y el móvil. Calmada, sin ira. Imparcial como la Madre Tierra cuando hace su limpieza anual.




Texto escrito por Ainhoa y Guille. 
Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog. 

sábado, 25 de noviembre de 2017

Libros nuevos






Una llamada de teléfono, un mail, seguir el envió en el buscador de Correos, una cola que parece eterna,  dos cajas y los sueños se hicieron  realidad. 20 kilos de papel, cartón y tinta que ahora descansan en nuestra biblioteca.

Dos años de perseverancia, de esperanza, más de 5 de prácticas escribiendo juntos, una escuela y aprendizaje que se paga con sudor; de cambiar impresiones, de me marcho a que me de el aire, de blandir la gramática como los predicadores la Biblia. Del síndrome de la pagina en blanco. 

Ahora queda un camino por delante. Días Bisiestos.

Comenzamos. 

Gracias, Tobías. 

Imagen propia, bajo la misma licencia que el Blog. 



viernes, 3 de noviembre de 2017

El caballo blanco del Apocalipsis



Una noticia de sexta fila, en el periódico local. Hay un muerto, hay tema y hay morbo. Si no, ni se hubieran molestado. 

Un tal fulano, sólo nombre de pila, 56 años. Ni tan siquiera ese suspiro por aquello de qué joven era. Más tieso que una mojama aparece en mi barrio, tirado en la calle. Bueno, dada la ceguera y sordera usuales...normal. Ajuste de cuentas, que es lo mismo que decir "muerte por fallo multisistémico", que equivale a decir "ni lo sabemos ni importa".

Pues no. Saltan todas las alarmas. Porque fulano, 56 años, vecino del barrio y más tieso que un bacalao, ha muerto con una jeringuilla pinchada en el brazo. Sigue sin importar un carallo, hasta que el periodista de turno, al que le ha tocado el marrón de noticia de mala página, se inspira. Una de dos: o tiene ya una edad y sigue en un puesto de mierda, o es un pollito/a que al menos sabe lo que es una hemeroteca.

Sea el pringado o el pollo, da en la idea buena: primero, evocar los años 80, cuando (dicen, y lo creo: yo no vivía en esta ciudad) los muertos por caballo eran más que los de su  colega el Jinete de la Peste. Cuando aquellas canciones de esas que odias pero recuerdas, 'aflamencadas', hablando de lo mismo. Hoy se habla de la guapa movida Madrid 80, esa sí la viví. Nunca de las traseras, lo que no salía en prensa. Todavía sobreviven algunos. En mi barrio. De los que a las 13.00 van a Metadona. Cadáveres vivientes, olvidaos de las pelis, zombies de veras. No muerden.

Y el periodista afina. La marea está cambiando. Las mafias, también. Aquí se planta y se cosecha más marihuana de la que podría caber en los Jardines Colgantes de Babilonia. Pero eso deja fuera a los magrebíes y sus famosas bellotas de 'costo'. Hay que recuperar el mercado. Según la autopsia forense, el tieso como carámbano lo fue por excesiva pureza de lo que se metió en vena. Así se empieza, como con la moneda en los viejos tiempos: confías en una moneda de oro, que va siendo recortada (cortada, en este caso), y perdiendo valor a la vez que todos la codician. No soy de quienes se asustan fácilmente, porque he visto casi un poco de todo. Pero volver a la guerra entre mafias blandas de maría y duras de caballo no me tranquiliza mucho. Ambos tienen ganas, dinero que perder o ganar, y armas. Y yo vivo en medio.


Al final lo conseguirán, entre la eterna dejadez (por no sospechar cosas peores) de unos y otros. La paz de los cementerios. Y entonces meterán la mákina de la bola tras engañar a quienes queden, y tendrán el solar más enorme de la zona norte de una ciudad. Arbolado incluído. Lo verán quienes, como siempre atrapados y desvalidos, se queden.




Imágenes propias,bajo la misma licencia que el blog.