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Cartas y postales.

El verano todavía no había acabado pero si las vacaciones, las clases empezaban, la ropa, los juguetes salían de la maleta, para dar paso a los libros de texto, los cuadernos, los deberes casi acabados, en una mochila que pesaba más que la realidad. Sobre la mesa, una dirección escrita en boli o lápiz deprisa, entre los adioses y la promesa de una carta o una postal desde esa ciudad que está tan lejos y que ahora queríamos buscar en el atlas. El cuaderno de clase por detrás escrito, una y cien veces probaturas de cartas que añoraban esos días junto al mar, o en la montaña, en el pueblo. El  mundo no era el mismo y los sueños eran posibles solo con levantarse cada día. Ahora el buzón se abría una y mil veces, buscando entre facturas, publicidad, el destello de la respuesta. 

La jubilación no había sido el fin, al revés, el principio. Cada mañana el periódico, la huerta y el pan, las habitaciones estaban vacías, los jóvenes ya habían volado buscando su propio hogar. Las llamadas de teléf…

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