miércoles, 24 de mayo de 2017

Caminos de Santiago: el infierno







Infierno es un viejo cuento de curas, 
un chiste malvado, el polvo que queda
cuando nadie cree en los curas, ni en el infierno.

Infierno es el agotamiento que te seca la boca, te seca por dentro. Y el diablo
en el que tampoco nadie cree, eres tú.

Vulgar es un campo de trampas: cada paso que pesa y mucho, te susurra
sin voces, sin milagros, sin poltergeists, 
nada: nada.

Déjalo, es estúpido. No lo crees, no merece la pena, déjalo
vuelve a casa, escribe un diario ácido, pasa de todo.

La distancia del paso de una bota. ¿No puedo más, a esto 
lo llamáis infierno?

Es el infierno. Des el paso más, o no.





Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.


viernes, 19 de mayo de 2017

El gato al agua







El gato al agua

Había un árbol que daba sombra
al final del callejón. Lo cortaron
cuando la abuela era joven.

Los otros se quejaron, raíces, hojas, mosquitos.
Lo cortaron con hachas.

Luego, cuando la abuela era vieja y yo niño
levantaron un muro de piedra para tapar el callejón.

Los otros se quejaron, los de casitas con jardincillo,
niños de uniforme, autos que robar.

El muro no sería tan alto, dijo la abuela
cuando ya no podía ver que su balcón daba al muro, y no había luz.

Cuando llueve, el agua que busca su camino
horada las raíces del muro,
inunda el callejón, y los otros se quejan
por no poder llevarse el gato al agua.




http://libropalabrasprestadas.blogspot.com.es/2017/05/poemas-prestados-117.html





miércoles, 17 de mayo de 2017

Libros: Marina de Carlos Ruiz Zafon








Me encontré con Marina de manera casual de las manos de una de esas personas que guardan el saber entre cuatro paredes visibles y mundos invisibles e infinitos que son las bibliotecas públicas. Pequeñas copias de ese laberinto de los libros olvidados, tetralogía que escribió el mismo Zafón.

Esta novela es anterior a sus grandes éxitos, como él dice en el prólogo lo escribió a finales de los años noventa cerrando una época de su vida.

Al encontrarme entre las paginas de esta novela, me pregunté que me depararía exactamente. Ya venia con los deberes hechos y  conocía otras obras suyas,  vi en este libro destellos de su propio sello.

Oscar es un joven de quince años que estudia en un internado de jesuitas, su vida monótona y gris cambia al conocer a Marina, una muchacha que vive en un caserón de Sarriá en compañía de su padre. Los jóvenes se verán envueltos en una oscura aventura que les llevara a estrechar lazos.

A simple vista parece una novela juvenil, pero a medidas que  avanzas a través de sus  paginas te das cuenta que no es así. En esta historia hay algo  que nos llevara a un inesperado final.

Zafón vuelve a elegir Barcelona como marco de  una historia de misterio, de lo sobrenatural, donde los cuentos de hadas no son los que nos cuentan. La recomiendo como lectura, y especialmente si estás en una época de cambios quizá te inspire en tu camino.


Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog. 














martes, 9 de mayo de 2017

Hoy











Rompió el día
tras una noche velada
se abrieron las puertas
y el pensamiento único
se perdió en los abismos.

Nacieron palabras, ideas,
sueños, el pasado quedó
en la otra orilla.

El futuro se adivina
entre las inexistentes
ruinas.
La libertad enarbola
su desnuda bandera
a un sueño real.

La cultura surge
de entre las musas
y acaricia las almas
de aquellos
 dormidos
que despiertan
a una nueva vida.

La belleza escondida
en los ojos que miran
promesa de un mañana
sin ignorancia. 



Poema con el que participe en la 116 edición de palabras prestadas.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Se llamaba Flavia Julia Helena, y era muy inteligente



Se llamaba Flavia Julia Helena. Los periodistas de su época
insistieron en que era hija de un sirviente, aunque visto lo visto, si lo era para nada le estorbó. 

Como no interesaba, sabemos muy poco de ella hasta que casa con un tetrarca  (un 'rey' que comparte su poder con otros tres, o sea, un mal rollo). El reyezuelo la toma primero como concubina, luego tienen un hijo varón, y después se divorcia de ella. Estamos en el Imperio Bizantino que aún no ha hecho del cristianismo religión oficial. Vamos, que la repudiada no se va a ir a un convento (eso aún no es ley), sino a su casa. A esperar. A leer, tener contactos, pensar y dejar pasar el tiempo. Sólo ha sido repudiada.Tiene de sobra para vivir, es una dama libre (para casarse otra vez no, pero cabe suponer que meditaba de otra manera), y hay algo que nadie puede discutir: es la emperatriz madre del chaval que en su día será Constantino. Leyó mucho. Pensó muchísimo. Ni ella ni su hijo están entre mis favoritos, pero el deber moral de los historiadores es ser imparciales. Sabiendo que no lo somos. La disciplina es intentarlo.

Al final, ley de vida, cascó el que fuera su esposo. Y desde la coronación de Constantino, Helena pasa de ser 'madre de emperador' algo que fue siempre, a 'Su Esplendor'. Subiendo títulos, que eran importantes. Como a tantos, le tocó una mala época y la inevitabilidad de decidir. O te fiabas de la corte (eso ya le había salido mal) o de un poder emergente que podía ser controlado. Hablamos del siglo IV. Hablamos de la Iglesia.

Se convirtió. Nadie puede saber por qué lo hizo. Todos sabemos qué hizo luego. Puso a comer de su mano al clero de Constantinopla, y les vendió un touroperador que pagaría ella de su bolsillo. Siendo ya dama de cierta edad se plantó en Jerusalén (¿dijimos antes que había leído mucho?)  y a su lado Indiana Jones era un monaguillo. Sabía dónde había que cavar. Obvio, porque Adriano había arrasado la ciudad sólo doscientos años antes,y la documentación urbanística era como como mirar hoy planos antiguos del catastro. 

La festividad del 3 de mayo, Día de la Cruz, conmemora cuando la cuadrilla de zapadores de Su Esplendor Helena dieron con la cruz en la que Jesús murió. Es una de las festividades más antiguas de las iglesias cristianas. Por supuesto,y para no ofender a nadie, lo dejamos aquí. Pero reconozcamos que Helena era muy inteligente, y que entre dos males posibles (un Imperio destrozado y un poder emergente, unificador) decidió. Yo no voy a juzgarla.




Imagen cedida, bajo la misma licencia que el blog.

viernes, 28 de abril de 2017

Una abeja va sobre el cofre del muerto...


Un evento con formato de Feria siempre está lleno. Incluye el largo paseo de puesto en puesto, incluye el asombro en sí mismo. Las nuevas experiencias. Y el trabajo, porque también lo es: relaciones sociales, intercambio de tarjetas de visita, pedir permiso para subir fotografías a blogs, sonreír muchísimo, intercambiar opiniones, hacer cuentas mentales, sopesar. Do ut des. Te doy para que me des.

Algunas cosas se me dan bien, y otras fatal. Afortunadamente, formo parte de un equipo que compensa mis carencias a cambio de que yo ofrezca otras cosas. Claro que tras asombro y trabajo llega la hora de la gusa. Hambre. Pillar algo. Genial en una feria de productos alimenticios: pillas unas catas de  cada cual que ofrece y te vas con una muestra de vegano,  una de queso, una de pan. Pasas por la barra, pides dos birras (con su tapa gratis) y acabas bajo la sombra sentados en un banco público de aquellos de metal estilo siglo XIX.

Entonces llegó. Una abeja. No, no somos flores. No tenemos polen. Me he habituado a tratar con avispas y abejas según su código: no te alarmes, no hagas gestos bruscos, apenas te muevas, déjalas convencerse de que no soy comida ni planta. Una picadura para mí supone inyectarse un urbasón. Nunca hay que dramatizar, vive y deja vivir.


La abeja en cuestión sentía un interés excesivo por la birra. Bueno, uno nunca sabe, tal vez sepa que es cebada. Se posaba en los bordes y levantaba vuelo. Luego algo falló. Se puso a catar, y acabó flotando en uno de los vasos. Ainhoa opinaba que se ahogaría (sin duda) pero ahogarse lleva su tiempo. Dignos aprendices de aquel Francisco de Asís improvisamos con uno de los folletos un cazador de bichos. Que no me picara, votoadiós. La sacamos del vaso. Posada sobre una rotonda de jardín decimonónico parecía una croqueta embarrada. Tardará en espabilarse, comentamos. Tardó. Bastante. En ponerse bajo un rayo de sol entre la sombra de los árboles.  Eso sin contar que sin duda había libado, y  debía llevar una castaña de birra guapa. Una abeja es pequeña, yo hacía las cuentas de su tamaño y el rato que anduvo probando antes de tirarse a la piscina. Un buen pedo etílico.

Al final voló, y desapareció. Nos encantaría saber qué contaría, en su lenguaje gestual y químico, al resto de la peña de la colmena.





Imágenes propias (la mala se debe a que la abeja era más rápida que el ajuste de la cámara) bajo la misma licencia del blog.

jueves, 27 de abril de 2017

El inquilino y las multitudes.




Martes 18 de abril, Día de los Monumentos: algunos lugares que normalmente están vetados se abren para que el curioso turista, móvil o cámara en ristre, inmortalice el momento.

Mediodía y por fin llegamos a nuestro lugar de destino, una pequeña cola de varias personas que estaban esperando entrar en el patio. En anteriores visitas siempre  lo habíamos visto desde la puerta abierta en la lejanía con los hombres de verde haciendo su trabajo. 

Entramos y nos mezclamos entre la gente que miraba con curiosidad, en un ataque creativo pulsé el botón de la cámara y cual Sofia Coppola me atreví con un vídeo del lugar.

No todos los días se puede entrar en el patio de la Real Chancillería de Granada, por lo que aproveché al máximo mi inspiración y comencé a grabar. Paneles informativos, escudos en las paredes de los Reyes Católicos y los relieves de los caballeros y damas ilustres en la galería del segundo piso.

Me disponía a grabar la escalera, cuando a través del objetivo en una cerrada ventana donde había dos asientos de piedra, uno a cada lado, me pareció ver algo que se materializaba.

En ese momento asombrosamente no había nadie cerca. Apagué la cámara y me senté en el asiento libre. Había escuchado historias sobre el Maestro Lorenzo, que fue verdugo de la Chancillería a finales del siglo XIX.

Con capa negra y sombrero de ala ancha miraba a los que nos rodeaban pareciendo poco convencido, busqué durante un segundo a Guille y al no verlo supuse que estaba sacando el artesonado de la escalera.

El caballero parecía tener ganas de hablar y no estar de muy buen humor, ya de normal había mucha gente andando por el lugar: jueces y abogados y presuntos.... Sin contar todos aquellos que alguna vez en su vida no habían encontrado justicia allí. Pero ya la oleada de turistas y curiosos era el remate. 

Sin despedirse subió las escaleras mientras daban la media en las campanas, me quedé  asombrada, mientras un par de turistas me miraban, esperando a que les dejara sentarse.

Subí las escaleras esperando encontrar una pista de lo ocurrido, Guille me señalo el segundo tramo y una de las paredes y me dijo que había seguido ese camino. Mientras bajábamos  escuchamos el rumor de pasos lejanos y la voz de alguien que no llevaba bien transitar en estos nuevos tiempos. 



Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog.