martes, 22 de noviembre de 2016

Días bisiestos.







Quienes nos habéis leído y seguís haciéndolo sabéis que este viaje es, ante todo, una aventura de superación. De atreverse, curiosear, investigar. Crear mundos. Comentar con todos vosotros, asombrarnos e intentar asombraros.

No sólo os presentamos nuestro primer libro. Os decimos que es parte del mismo camino de colaboración y encuentro. Por supuesto, os invitamos a leerlo. El enlace permite un 'aperitivo gratis', leer un poquito para haceros una idea general y que os enganche.

También esperamos vuestros comentarios, como siempre. Ese largo diálogo que tanto nos enseña al mostrarnos muy diferentes puntos de vista.




Ainhoa y Thorongil.


domingo, 20 de noviembre de 2016

La madrugada.




Para bromas estaba yo. Hacía un frío del carallo, aún era de noche. Cuando se está acostumbrado al silencio absoluto como disciplina y ley, hasta un susurro te despierta. El de una radio a pilas de aquellas de petaca, que tantos hombres se pegaban a la oreja los domingos para escuchar el fútbol. Radio de petaca, si: hasta un chaval medio dormido razona que de madrugada, en 1975, nadie jugaba al fútbol.

Para bromas estaba. Tenía catorce años en un internado con 107 inquilinos más, y acababa de enterrar a mi padre. Mala suerte. Otra madrugada (sin radio a pilas) en la que pasos susurrantes de zapatillas de adulto me despertaron, me dijeron algo así como que hay que ser fuerte y resignación cristiana, y que sin hacer ruido -107 compañeros más- y a oscuras me aseara, vistiera e hiciera el petate para un viaje de muchísimos kilómetros. Mala suerte. Ahora dieron las luces, y nos contaron que se había muerto el caudillo y generalísimo de los ejércitos, el padre de la patria y qué se yo. Alguien murmuró, lo bastante alto como para que pudiera oírlo que genial, al menos una semana de vacaciones. Hoy me reiría con ganas.

La única diferencia esencial entre aquel entonces, tan lejano, y hoy que soy capaz de evaluar como real es que los nenes (menos quien dijo yujuuuu, vacaciones) captábamos la sensación, no la idea, de que ya nos habían jodido. Soy consciente de que queda fatal, pero quince días antes fue lo primero que pensé cuando murió mi padre. Soy menor de edad, soy un niño, y este marrón me lo como yo sin saber cómo defenderme, porque no tengo herramientas para defenderme. Lo de Franco me dio igual, bastantes problemas personales tenía yo. ¿Se murió ese viejo? Ahora verás qué movida. Durante el verano anterior ya comentaba mi padre (supongo que calibrando nunca decir de más a un crío, porque los críos son metepatas por definición) que el viejo no se comía las uvas. Tampoco se las comió él. Me aburrí hasta el asco durante días de luto oficial, me pregunté cuando se acaba el gafe por mis problemas, claro: al militar ese que lo enterraran, y ya vale.

Oí duelos, quebrantos y paranoias, persianas bajadas, susurros, rencores. Por supuesto que no los entendía apenas. Estaba egoísta y lógicamente centrado en mí mismo. Lo recuerdo todo como un gran teatro de músicas fúnebres, rezos, miedos, miradas de soslayo. El mundo giraba y mi tragedia personal ya no valía nada. 41 años más tarde reconozco que eso me enseñó mucho. 




Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Tang Xianzu el tercer genio.




La vida es muy curiosa: el pasado fin de semana  una noticia de un periódico digital me acabó llevando a una exposición que había en Granada, de la que no tenía ni idea  que existía.


Tang Xianzu fue un poeta y dramaturgo chino que vivió en la misma época que Cervantes y Shakespeare y  aunque no es apenas conocido fuera de las fronteras de su país llegó a tener tanta fama por sus obras  como el cisne de Avon y el manco de Lepanto.





Nació a mediados del siglo XVI en la ciudad de Linchuan, al sureste de China, en una familia acomodada y letrada. Con cuatro años ya leía y con 12 escribía poemas.

Se dedicó a la carrera política al final de la dinastía Ming en la que sufrió muchos sinsabores y hasta el destierro. Cuando dejó la política centró todos sus esfuerzos en escribir.  

Sus obras tienen como protagonista a la mujer cosa bastante impensable en una sociedad como aquella, en la que los matrimonios concertados eran lo habitual y las mujeres tenían un papel secundario. En sus obras también hace una crítica de la sociedad china que vivía el ocaso de la Dinastía Ming.

Escritor prolífico, gran poeta,  es más conocido por sus obras teatrales: entre ellas El pabellón de las peonias que ha sido traducido al inglés y al español, cuya edición ha sido presentada este mes de octubre.


Para celebrar el cuarto centenario de la muerte de este  escritor y de paso presentar la traducción de su famosa obra la Universidad de Granada y el Instituto Confucio hicieron una modesta exposición sobre el autor y sus dos coetáneos antes citados.





 Varios paneles informativos muestran una pequeña biografía de cada uno teniendo como núcleo la vida y  obra de Xianzu. También hay una parte interactiva que lastimosamente no funcionaba por falta de material (gafas 3D) no permitiendo disfrutar en conjunto de la exposición.




Algunas  reproducciones ponían fin a la visita: un traje del vestuario de la  protagonista del Pabellón de las peonias, una maqueta del pabellón, y varios ejemplares de la obra, la traducción al español, el original chino y partituras sobre la música que acompaña a la representación teatral.








Por otra parte en la prensa nacional han salido varias noticias sobre el tema, entre ellas una en la que cuenta que la ciudad de Fuzhou van a crear reproducciones  a tamaño real de las localidades que vieron nacer a Cervantes,  Shakespeare y Xianzu como parte de los festejos del cuarto centenario de su muerte. 



lunes, 24 de octubre de 2016

Marcapáginas.



Releía un libro de bolsillo muy viejo, de esos a los que hay que pasar las páginas estilo barajar cartas para que salga el polvo que almacenan entre ellas. Y luego, sin fallar, estornudas.

Aparte de los estornudos, también salió volando una hoja de papel. Vivediós que eran mejores aquellos cuadernillos; la hoja no ha amarilleado, ni se ha vuelto desvaído el negro de la tinta. Lo usé como marcador que a la vez sirviera de recordatorio sobre ciertos temas y el número de página en las que se desarrollaban. Eso lo recordaba.

Pero no el otro lado de la hoja. Allí me salió al encuentro, como un ejército listo para el combate, una lista de la compra. Lo más vulgar del mundo. Papel higiénico, lejía, esas cosas. Y desde treinta años atrás seguía ahí, estúpida y minuciosa lista, letras bien trazadas, artículos en pulcra columna. Incluyendo dos litros de leche, dato que ratificaba (por si la letra no bastara) cuando y con quien hice aquella compra. Y dónde la hicimos, en un barrio concreto. En un supermercado que hace mucho dejó de existir. Y a dónde fue a parar tras subirla -en ascensor-, y cómo era aquel apartamento. Qué se veía desde la terraza, cómo era el mueble alacena. Treinta años se convierten en un recuerdo tan banal como la misma lista y reaparecen nítidos, indiferentes, rigiendo pretérito perfecto. Dejando tan sólo la terca persistencia de la memoria.




Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Cita en Samarra.





La exótica y misteriosa Bagdad esconde en su  más de milenio y medio de existencia incontables leyendas mientras recostada observa las aguas del Tigris pasar.
Los días de mercado con sus olores,  colores, las voces de los vendedores y los ojos rápidos de los que compran y de aquellos que no pagan.
Entra tanta gente un alma soñadora ajena a lo que le rodea y a su tarea camina distraído pensando en los ojos azules, en el frescor de los patios, en un perfume. Entonces tropieza con alguien que camina más despacio y no tan ágil como el muchacho.
Se vuelve esperando encontrar a un anciano o anciana, a una mujer a la que pedir disculpas por ser tan descuidado. Pero ante el está la muerte que lo observa, su mano se levanta y lo señala mientras el joven sin mirar atrás corre hacia la casa de su amo.

Llega blanco como la misma que ha dejado en el mercado, sudoroso y aterrorizado busca a su patrón. Le cuenta lo ocurrido y le pide por Alá que le preste su caballo más rápido para huir a Samarra, donde la muerte de seguro no lo encontrara.

El venerable mercader accede a la petición del joven al que le tiene afecto. Sin esperar galopa hacia Samarra creyendo huir de su destino y de la cita con la muerte.
Atardece cuando el mercader pasea  hasta dar con la muerte. Los años y la vida han hecho del un hombre sabio por lo que le pregunta  el motivo de haber señalado al muchacho.

Esta  le contesta que le había sorprendido ver al joven en Bagdad ya que su cita era al anochecer en Samarra.

Esta antigua leyenda proviene del Talmud Babilonico, y ha sido trasmitida por la tradición oral y reproducida por muchos escritores.


Imagen de Wikipedia.


Bajo la misma licencia que wikipedia. Autor: Izzedine





viernes, 14 de octubre de 2016

Sueños erráticos.








El mismo puente
desde el que miran
figuras difusas y lejanas.

Entre ellas una sombra
 que con un giro de grúa
mira en mi alma.

Me estremezco, me alejo,
sin tener muy claro
el rumbo.

Un desierto de lenguas muertas
con su quijada  residente
que silba a las serpientes.

Un escupitajo
se convierte en un oasis
caduco.

Un grasiento caravasar
en el horizonte
la ciudad amurallada

Dos destinos
un camino
y una cita en Samarra





Poema que participó en la edición 100 de Palabras Prestadas.




Imagen de wikipedia .

Bajo la misma licencia que la pagina. Autor Izzedine.



Para saber mas:



lunes, 26 de septiembre de 2016

Los culpables.






 Es curioso que cada vez que veo las noticias, los periódicos, la televisión y escucho las conversaciones de la gente  me doy  cuenta de lo equivocados que estamos.

Desde que somos niños y jugamos entre nosotros, nos peleamos e imitamos a los mayores, todos nos hemos llevado más de una vez las del pulpo . Siempre hay quien se las lleva todas, quien las da, por supuesto siempre hay un chivo expiatorio y un culpable: la criatura... los padres, la educación que le dan, la sociedad... se nos olvida que todos hemos sido niños y  nos hemos peleado. El problema es cuando se sale de los limites y lo personalizan los mayores.

Curiosamente en cualquier problema diario, en el trabajo, con la familia, con los amigos siempre tenemos que buscar algo o alguien sobre lo que recaiga el peso de toda nuestra impotencia, ira, tristeza, frustraciones y una larga lista de sentimientos y asuntos sin resolver que seguirán estando ahí, por lo que el problema no se ha solucionado.

Los causantes son todos los demás, nosotros quedamos exculpados por nuestra obra y gracia y la mierda siempre se queda fuera. Dejar los prejuicios, las proyecciones de nuestros problemas y defectos sobre los demás es un buen comienzo para ver la vida de otra manera.  
Todos en mayor o menor medida queremos hacer un mundo mejor. Para ello, como un refrán chino dice, mejor demos tres vueltas a nuestra casa antes de querer cambiar lo de fuera.


Replanteémonos el cómo actuar sobre lo cercano en vez de quejarnos de todo: si en nuestro barrio faltan papeleras, si nuestra vecina deja algo delante de nuestra puerta,  si el compañero es pesado y  no deja de contarnos la misma historia, todos los días la misma  discusión por el mando con nuestra pareja....

En las peleas y altercados buscamos la mayoría de las veces  tener la razón en vez  del entendimiento mutuo.

Puede uno quedarse en la rueda girando eternamente o ponerle solución. No somos iguales y se puede necesitar más o menos tiempo, pero la satisfacción y la ligereza de no tener ese peso merecen la pena.

Menos culpables y más soluciones. 






Imagen de wikipedia  Autor: Lionni. 

Bajo la misma licencia que en la pagina de wikipedia.