miércoles, 25 de noviembre de 2015

Buscándose.






Sonaba el teléfono, todo estaba a oscuras, y la noche era silencio. Tenía que haber sido una pesadilla. Fuera la nieve caía mansamente y  cuando se acostaron no tenían luz. Estaba solo en la cama, se levanto y se puso las zapatillas. Volvió a escuchar el teléfono en su mente, lo habían desconectado ya que también se habían quedado sin señal.  La linterna le mostraba que todo estaba en orden. Nadie había salido de la casa, pero ella no estaba. 



 Abrió los ojos un segundo después de que saliera el sol. Él estaba en la fotografía que se hicieron juntos. Oyó ladrar al perro, siempre despistado, antes de verlo aparecer en la imagen. Con la lengua fuera, rascándose y moviendo el rabo. La luz atravesó la ventana. Todavía quedaba su olor en la almohada. Cuando volviera por la tarde oiría de nuevo el ladrido apresurado y se vería a sí misma en la fotografía. Sólo a ella, sólo un segundo.
Se preguntó si realmente la casa existía aún. Tal vez la hubieran vendido. Era su laberinto, donde los tres se buscaban sin perder la esperanza de encontrarse. Un día, o una noche, lo conseguirían. Los muertos siempre tienen tiempo.


Texto: Leonor y Thorongil.

Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog.