jueves, 31 de diciembre de 2015

Hasta el año que viene.





Nos tomamos un descanso esperando a los reyes magos, os deseamos un feliz año nuevo, que sea lo que vosotros deseéis que sea.Que los reyes se porten y sobre todo sed felices. 



Thorongil y Leonor. 



Imagen Propia bajo la misma licencia que el Blog.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Suerte.




Con los años había aprendido a cerrar la boca casi siempre a tiempo. Pero anoche, tras una cena casera, una película, una pausada botella de vino y un lento deshacer la cama juntos, le había prometido limpiar el armario trastero. Se levantó sigiloso sin hacer ruido mientras todavía era de noche. Un armario empotrado que en su día debió ser una fresquera o despensa al fondo del oscuro pasillo, junto a la cocina. Capaz de contener el cielo y el infierno. O el purgatorio, porque una vez todo apilado en orden fuera del monstruo insaciable ella haría una segunda inspección antes de llegar al momento definitivo de cargar camino de los cubos de basura. Miró otra vez la boca de aquel leviatán, limpia ahora. Expectante. Volvería a llenarse. Iba a apagar la bombilla cuando vio algo en una de las baldas vacías. Una caja pequeña de cartón amarillento. Dentro había  un papel plegado y una llave que no pertenecía al piso. Una llave antigua, grande para cualquier cerradura actual, negra y fría.

Las llaves sonaban amortiguadas por el abrigo que llevaba puesto, todas cantaban el  mismo son excepto una, que era la más grande y que brillaba cuando se veía cerca del fuego del hogar. Cuando estaba en casa y llevaba puesto el delantal, debajo se dibujaba la presencia de la llave codiciada. Los pequeños corrían por la cocina, se perdían por los rincones o jugaban en el patio. Teniendo siempre en mente la famosa llave que nunca llegaron a saber qué podía abrir y cerrar. Un día la llave se guardó debajo de una de las tablas del suelo y la casa estaba vacía, ni ruidos infantiles ni olores caseros solo se quedaron el silencio y el tiempo.

Uno, cinco, diez, veinte, el tiempo y la soledad no cuentan ya que no les hace falta. Buscaban un lugar donde pasar la noche antes de seguir camino. Entraron por una ventana de la planta baja que estaba rota. Pisaron con cuidado mientras la madera crujía, habían cenado caliente y buscaron un lugar donde preparar su cama.

 Se habían peleado y se dieron la espalda durante parte de la noche, poco práctico ya que tenían frío. Mientras les duró el enfado ella había estado jugando con una madera que parecía estar suelta. Acabó por sacarla de su sitio y meter la mano, había tocado algo frio y metálico que sacó mientras despertaba a quien dormía. Había también un papel doblado y envejecido en el que acertaron a leer un buen deseo. Que esta llave traiga suerte a quien la encuentre y llene su hogar de felicidad como lo hizo conmigo.

 Se abrazaron y la llave tuvo un lugar de honor en los lugares donde se fueron estableciendo, siempre como testigo de sus primeras aventuras juntos. Un día ya cuando la nieve había llegado a sus cabellos regresaron a  la casa recordando aquel viaje con lo puesto, ahora habitada. Pidieron permiso a los dueños para volver a dejar la llave en el mismo sitio donde la encontraron. Los nuevos inquilinos, amables pero olvidadizos,  recogieron la llave y la nota que habían escrito pero en vez de dejarla bajo del parquet la metieron en un armario con la nota, sin acordarse de ella ni cuando se mudaron.





Leonor y Thorongil. 

Imagen Wikipedia, Wikimedia Commons autor: Jorge Barrios, bajo la misma licencia que Wikimedia Commons. 

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Llave_bronce.jpg#filehistory

domingo, 6 de diciembre de 2015

Una despedida honorable.



Casi han llegado a la mayoría de edad, aunque la vida de las sandalias no es tan larga como la nuestra. Tuvimos un encuentro torvo. Aún en rebajas, eran carísimas aquel 10 de julio de 1998. Luego coqueteamos un año, ellas con su carácter severo y yo intentando domarlas. Nos pusimos a prueba. Eso va sumando kilómetros.

Nos esperaba la primera hazaña, desde Roncesvalles a Finisterre, los casi 900 del Camino de Santiago. No estábamos solos. Las sandalias servían en lugares y horas concretas, se pegaban al terreno, refrescaban y aliviaban. La parte sin concesiones la hacían sus hermanas, las botas que acabaron de arruinarme en aquellas rebajas.

Una hazaña no es la vida. La vida son kilómetros sumados, gastándose sin quejarse y sin rendirse. 



Ya están en la basura. Obviamente, no pueden tener un segundo uso o ser donadas. Aún sobreviven sus hermanas, las botas. Con suerte, es posible que cumplan dieciocho años.



Imágenes propias, bajo la misma licencia que el blog.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Buscándose.






Sonaba el teléfono, todo estaba a oscuras, y la noche era silencio. Tenía que haber sido una pesadilla. Fuera la nieve caía mansamente y  cuando se acostaron no tenían luz. Estaba solo en la cama, se levanto y se puso las zapatillas. Volvió a escuchar el teléfono en su mente, lo habían desconectado ya que también se habían quedado sin señal.  La linterna le mostraba que todo estaba en orden. Nadie había salido de la casa, pero ella no estaba. 



 Abrió los ojos un segundo después de que saliera el sol. Él estaba en la fotografía que se hicieron juntos. Oyó ladrar al perro, siempre despistado, antes de verlo aparecer en la imagen. Con la lengua fuera, rascándose y moviendo el rabo. La luz atravesó la ventana. Todavía quedaba su olor en la almohada. Cuando volviera por la tarde oiría de nuevo el ladrido apresurado y se vería a sí misma en la fotografía. Sólo a ella, sólo un segundo.
Se preguntó si realmente la casa existía aún. Tal vez la hubieran vendido. Era su laberinto, donde los tres se buscaban sin perder la esperanza de encontrarse. Un día, o una noche, lo conseguirían. Los muertos siempre tienen tiempo.


Texto: Leonor y Thorongil.

Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog.



lunes, 26 de octubre de 2015

Improvisación poética a dúo.









Reniego
como lluvia negra
me enfado
como soplo yermo
Grito
mordiendo cristales.


Cristales salados
que remueven mareas
y me hieren la boca
herida vacía
ojos resecos
y sueños bermejos.


Escupo arena molida
hasta sentir el vacío
un cuenco
y luego llueve
sobre el desierto.




Thorongil y Leonor.


Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog. 



sábado, 10 de octubre de 2015

Tres faxes.





La primera vez había sido desde el otro lado del paso de peatones, cerca  del árbol  que iba perdiendo hojas mientras el viento  jugaba con las gotas de lluvia. Le pareció que había estado siempre allí, pero no podía asegurarlo. Su memoria no era demasiado de fiar, los días eran muy largos y las noches más, poco había para distraerse. Se pasaba las horas mirando hacia el otro lado de la calle mas allá de el traicionero paso de peatones.

Era alta, un poco cuadrada y no con tantas formas como él. Le gustó; además era tímida y misteriosa a partes iguales, ya que no podía verla completamente. La había pillado un par de veces mirando hacia él.

Durante el día el tránsito de la gente y  el que se acercaran a ellos para enviar cartas o hablar por teléfono no les dejaban momentos para observarse, cosa que hacían en el silencio de la noche y  la madrugada.

El viento a veces misericordioso hacia de mensajero de los enamorados y dejaba caer algunas palabras  del otro, para consuelo de sus almas solitarias.

Al igual que llegó se marcho el otoño y apareció el invierno, aquel año nevó en la ciudad cosa que no habían visto ninguno de los dos  en sus vidas.

El cielo gris y los copos blancos, las calles solitarias y los coches circulando de cuando en  cuando. Deseaban  estar más cerca, aunque no se hubieran dado calor por lo menos podrían hablarse y quién sabe si acercarse un poco más.

Un día por cosa de la compañía  telefónica, del ayuntamiento o de algún plan urbanístico se decidió que la cabina de teléfonos debía estar al otro lado de la calle junto al buzón de correos y como así se había escrito y mandado, se hizo.

En un primer momento ambos pensaron que iban a separarlos hasta que se encontraron más cerca de lo que habían estado nunca.
Así los descubrió la primavera y vivieron plenamente el verano, como si no existiera el mañana y el pasado estuviera demasiado lejos.

Alguien metió la pata y el que los dos enamorados de metal estuvieran tan juntos  era  un error de los grandes, un dispendio de dinero y había que regresar a la cabina al lugar donde estaba antes.
Cosas de la vida, en los periódicos del día siguiente se informaba que vándalos habían robado una cabina y un buzón de correos, un borracho habitual del barrio decía a quien lo quisiera oír que lo que decían las noticias era falso, que él los había visto marcharse.

Por esta vez el buen hombre tenía razón, la pareja se había cansado de solo miraditas y palabras, decidieron vivir su vida, algunos cuentan que se unieron a una colonia de mobiliario urbano hippie, otros que encontraron en una casa abandonada y maldita el lugar seguro para formar una familia.

La última vez que los vi, tenían tres faxes alegres y sanos.



Esta historia se la dedico al buzón de correos que hay cerca de donde vivimos que hace unos meses se quedo sin su cabina y desde entonces parece más triste. 

Imagen propia bajo la misma licencia que el blog. 





domingo, 20 de septiembre de 2015

Jesús Conde Ayala: Antología.


Un palacio escondido en las calles del Realejo, a la siniestra de la estatua de la Reina católica y el Almirante Colón. Un primer piso al que se accede a través de níveas escaleras, y algunas paredes trasparentes abiertas a un patio silencioso, sin el rumor del agua.

Un tren que nos da la  bienvenida, llegada a un mundo aparte, la sala de exposiciones se convierte en una estación con salida a muchos destinos, a un cine donde suceden mil y una películas en un solo momento.

Cuadros sin contorno, sin límites, tu formas parte de cada escena y ella es una parte de ti. Marcos pintados que acompañan a cada cuadro y consolidan una oportunidad de mirar hacia el otro lado, convirtiéndonos en espectadores deseados y bienvenidos.

Objetos crudos con títulos encontrados, estampas de mar y recuerdos de niñez que se mezclan con visiones de viajes a esa África tan desconocida y pérdida en la memoria y la ignorancia de algunos.
África musulmana que todavía calla en las calles de Granada, enfrentados una venus negra y un Dogón que cuanto mayor era la distancia más hacia por salir del cuadro.


Una silla vacía en las calles de Cuba, esperando a que alguien se siente y cuente su vida, sus sueños, sus penas, o quizá queramos sentarnos nosotros mismos y nos cambiemos de zapatos, para mirar desde el otro lado  a aquellos que miran desde esa sala de exposiciones tan detenidamente.


Mares azules, verdes, negros que se salen hasta el suelo de la exposición, que entran y revuelven nuestro interior. Una puerta vista desde un ojo de pez, cerrada, callada, como los pueblos de España, que esperan pacientes renacer.

Armas, espadas, corazas y yelmos, solos protagonistas de sus propias vidas y trasiegos, con sus heridas, con sus golpes, con sus agujeros, con sus adornos y el paso del tiempo.


A la salida miras atrás, ves el camino recorrido, las escaleras que bajan, la calle que espera regresar al ahora, con la sensación de haber compartido con el artista un tiempo, sueños y deseos.


(Leonor)





El mármol y el metacrilato son fríos. Contrastan con los antiguos ventanales, con las calles estrechas y las balconadas que se entrevén tras los emplomados. La exposición en sí misma repite los contrastes. Un expositor lleno de cuadernos de bocetos y notas de viaje estructura parte del camino. El sol y la penumbra de estrechas calles sinuosas en el Magreb; desiertos, sabanas, luz y colores del África subsahariana, pinceladas de Cuba, rostros, polvo. Los marcos de los cuadros son también pinturas, trampantojos insertos en la misma imagen. A veces delimitan, otras son desbordados. Un mar embravecido llega hasta tus pies, máscaras se convierten en relieves dispuestos a espiarte desde la distancia que hace posible el efecto óptico. Cuando te alejas casi parece oír un murmullo de pies que te siguen, o percibir esa curiosa sensación de que alguien te mira el cogote.

Una locomotora sirve de gozne entre la aventura de viajar y esas marinas casi domésticas, con bañistas actuales y luz de playa. Alternan con mares bravíos, oscuros, solitarios, amenazantes. Luego todo es acero: el gris bruñido, brillo de espadas solitarias, cañones de pistola.


Siguen siendo fríos el metacrilato y el mármol. Y acertados para no distraer ni un ápice la atención puesta en la magia.

(Thorongil)



Imágenes propias, bajo la misma licencia que el Blog. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Lo que permanece


Cinta negra que señala el camino, una cortina que separa la luz del día de la oscuridad primera de un mundo aparte. Luces y fotografías, vitrinas llenas de objetos que una vez estuvieron en dársenas, a cuatro mil metros en el fondo del Atlántico o fueron creados con el propósito de contar una historia que sucedió hace 103 años.

Oscuridad y una pantalla que narra de nuevo una tragedia que ha inspirado películas, libros, sueños, historias y más de una pesadilla. Asientos que se dibujan, y que aunque negros son islas en las que sentarse y navegar en esa mar que tanto da y a veces quita.


Una voz te da el alto.  Auriculares y un pequeño aparato plateado que será tu guía en los ecos de un mar gélido y los   recuerdos de aquellos que no sobrevivieron en las voces de quienes sí lo hicieron.

Al fondo se escuchan ruidos y golpes de martillos como si asistiéramos al comienzo de ese sueño, del nacimiento de un titán cuyo final ya sabemos.
Una voz de hombre nos trasporta a una casa en Londres  que hoy curiosamente alberga la embajada de España en Inglaterra, donde varios magnates  imaginaron estar en la cima del Olimpo y cuyo sueño  fue crear tres barcos con nombres y presencia de dioses que maravillaran al mundo y los hicieran ser héroes.





Vitrinas de cristal numeradas, y dentro la historia de miles de fotogramas, hierro de la forja para crear un Titán, máquinas y cientos de manos,  remaches creados en oficinas donde el bolsillo estaba más vacío y la alquimia exigió menor calidad y más parquedad.

Una pantalla simulando el azul del mar como si a ese otro lado estuviera esa superficie que muchos fueron perdiendo de vista y para otros que llevaban el chaleco salvavidas fue su tumba.

La voz nos habla de aquellos músicos que siguieron tocando mientras el barco se hundía, y lejano suena el himno  Más cerca de Ti, Señor, que decían que fue de las últimas piezas que tocaron antes de ya no poder.
Nos hablan de los fogoneros que se quedaron  para que hubiera luz y el barco no estuviera  a oscuras,  de los carteros, tres ingleses y un americano que fueron los primeros en morir ya que el iceberg causó la herida mortal en la oficina de correos.

Una reproducción de una caldera, y en su interior el carbón candente, nos hace llegar los esfuerzos de aquellos hombres por hacer su trabajo y salvar las vidas de quienes  pisaban sobre sus cabezas.

Se cerraron puertas y todos sabemos que los de tercera  fueron los que más murieron, hay historias de gente que se quedó en el barco esperando  la muerte en la cama, en el salón con una buena provisión de alcohol en el cuerpo….

A un lado fotografías de la construcción, comparaciones donde los trabajadores eran habitantes de Liliput .Como última pieza en el tiempo una placa que ha aparecido en Granada en manos de un coleccionista privado que la ha cedido a la exposición. La placa, de bronce y plata, fue entregada por el Jefe de Correos Reales a Lord William James Pirrie, alcalde de Southampton y presidente de los astilleros en los que se construyó el barco.
Llegamos a la estrella de la exposición: varios artesanos trabajan desde hace meses, construyendo una reproducción a escala 1:30 del barco  hasta el último detalle
.
Por ultimo como colofón a la visita nos encontramos con el cuadro que se ha convertido en emblema de la fundación del Titanic para el centenario del hundimiento del barco.

Fue pintando por el cántabro Enrique Gran, un cuadro abstracto de colores rojos y naranjas que capta a mí entender la esencia de la tragedia y a la vez el paso del tiempo.

La exposición me conmovió y me pareció un buen homenaje a todas aquellas personas que dieron sus vidas, desde los nueve trabajadores que fallecieron mientras se construyó el barco hasta todos los que murieron  sin dejar  su trabajo, y aquellos que prefirieron ceder sus sitios o ayudar a que otros lograran salvarse.

Pensamos volver para ver cómo sigue la construcción del barco en escala, y prometo seguir añadiendo ultimas noticias al artículo.


4 de Septiembre de 2015

Fotografías propias bajo la misma licencia que el Blog. 

jueves, 30 de julio de 2015

Cuando se difuminan las fronteras.



No hace tanto Amaiur escribió un relato titulado 'Las tentaciones del obispo', en tono de cuento medieval travieso. Resumido, narraba cómo una comunidad de prostitutas bastante próspera quería incluir y pagar una capilla consagrada a la Magdalena en una iglesia en obras. Los problemas y las ingeniosas maneras de eludirlos, siempre con un aire cómico. Por supuesto, el asunto de su relato no era mera invención. Estaba sólidamente apoyado en documentación histórica y en respetables autores. Pero eso no se incluye en un cuento, porque resta frescura.



Sin duda le resultará a ella, y a quienes leyeron su relato e incluso lo comentaron, curiosa la noticia cuyo enlace pongo.


http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/07/30/paisvasco/1438259053_929792.html?rel=ult



Imagen: Wikipedia Commons.



lunes, 27 de julio de 2015



Volvemos tras descanso estival. Pasadlo bien (o mejor que bien). Un saludo.





Imagen propia, bajo la misma li encia que el blog.

martes, 19 de mayo de 2015

Zapatones.




Yo no seguí sus  caminos y él tampoco los míos, no coincidimos nunca más allá de imágenes en televisión, en internet en alguna búsqueda que no tenía nada que ver.

Como parte de aventuras, que son historias de otros, quizá en algún sueño me mostró parte de ese camino por el que me había perdido.

Hace unos días nos dejó y como decía un periódico, ahora esta con Santiago brindando y mirándonos seguramente habiendo encontrado todo lo que buscó en esta vida.

Un día decidió formar parte del camino, de ese que lleva siglos en el mismo sitio, que nada pide y sí exige, que premia y castiga y sobre todo que nutre a quien quiere quedarse y ayudar aquellos que están perdidos.

No tuvo una vida fácil, sin entrar en detalles, ya que es una persona como cada uno de nosotros y si alguien quiere saber más en la red encontrara con que saciar la curiosidad, sobre datos más allá de los que aquí contemos.

Me hubiera gustado haber tenido tiempo para encontrármelo en algún tramo del camino pero seguramente hubiéramos coincidido en la Plaza del Obradoiro o en las rúas como buen guía de tabernas y tascas para que el peregrino quitara su sed y su hambre.

Ya no será posible a no ser en sueños, o quizá en alguna ocasión regrese por intercesión de Santiago para ayudar a los que tanto caminan para abrazarlo, buscándose a sí mismos.

(Leonor) 


     Muy visible y muy esquivo. Madrugador como los autocares repletos de turistas que llenaban de monedas su cuenco a cambio de fotografía y sonrisas. Luego las sombras iban acortándose, y con suerte el sol de agosto caía a plomo sobre el Obradoiro. Me parecía mucho más real entonces, de sombra en sombra, con el sonido del bordón y otras compañías. Entonces hablaba y sonreía de otra manera.

     Si he de elegir alguna, me quedo con la imagen de un día de lluvia, con la esclavina marrón goteándole y un par de mochileros treintones por compañía. Se hicieron religiosamente la ruta de las rúas de tasca en tasca, y yo que iba detrás me la hice también. Me gustaba su sonrisa, una sonrisa introvertida y simpática. Y el personaje hecho de matices ambiguos: un poco picaresco, algo zumbón, de palabras lentas, mirada afilada y humanidad a raudales. Me hubiera gustado saber de qué charlaron, aunque ya no lo sepa nunca. Sé que lo echaré de menos.

                                                                         (Thorongil)

Imagen de wikipedia, wikimedia commons. Autor Harrieta171.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Saint_Jean_Pied_de_Port_Coquille.jpg?uselang=es

miércoles, 13 de mayo de 2015

Aquí y ahora.



Fuera hacía frío, la casa estaba a oscuras, nadie hacía ruido sólo unos pies pequeños descalzos que buscaban en la oscuridad la luz de la calle.
Había esperado todo un año a que los regalos estuvieran bajo el árbol. y toda una noche era demasiado tiempo para descubrir que los magos de oriente se habían acordado de donde vivía y de que había sido buena todo el año.

Las luces se encienden y por un momento ha creído ver que aquellos tres señores han vuelto, pero aparece mamá con los brazos  en jarras entre la risa y la sorpresa de ver los regalos medio abiertos, y la seriedad de que es demasiado temprano para estar levantada.

Vuelta a la cama y sin ganas de dormir. Todavía quedan un par de horas antes de que se haga de día. Toca esperar.

Seguro que esta misma historia la hemos vivido muchos de nosotros, de una manera u otra.  Con la ilusión de lo que vendrá, imaginando historias posibles y  cotorreando con todo aquel que estuviera cerca.
La espera, la perseverancia, el tesón y otras muchas cualidades que son parte del  viaje hacia nuestros sueños parece que ya no son bienvenidos en nuestra sociedad.

Lo queremos aquí y ahora y cuanto antes mucho mejor, igual da cual sea el precio que paguemos, todo acaba pareciéndose a una carrera sin control hacia ningún lugar.

No es bueno generalizar ya que no todos somos iguales y nada es blanco ni es negro, quedan muchos grises por descubrir.

Todos alguna vez hemos caído en la trampa de los atajos,  del comienzo de esa vida tan fácil que nos venden. Sigue nuestra autovía es la más rápida que te llevará a tu futuro soñado donde nadie es infeliz.

El problema es cuando seguimos viajando y  cada cierto tiempo una voz agradable nos invita a cambiar de ropa de peinado, de coche, hasta de forma de pensar. Sin importar lo que vayamos dejando atrás.

Ya no miramos a lo que nos rodea, tenemos algo que lo hace por nosotros, miramos fuera de nuestra autovía y creemos ver gente que es más desgraciada, sin darnos cuenta que es un espejo que nos devuelve nuestra propia imagen, no dejándonos ver que más allá, hay miles de caminos, de lagos, de mundos, de personas, de besos y de abrazos.


Por eso prefiero  caminos menos directos, con sus piedras y sus árboles, con sus esfinges y acertijos, aquellos que me permitan plantar una flor, un árbol, comenzar una amistad para cuando  pase por allí de nuevo. Que la flor me dé su olor, el árbol su sombra y fruto. y esa amistad su compañía y su conversación. 



Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog. 


viernes, 1 de mayo de 2015

El dragón ha despertado.



Beltane regresa 

entre las nieblas 

del aún persistente
 
frío, invierno.

 Queriendo recordar

que todo vive y

nada está muerto.

Walpurgis, noche de 

tránsito y despertares 

noche de hogueras

la serpiente despertó.




Para quien quiera saber más:

https://es.wikipedia.org/wiki/Beltane

http://es.wikipedia.org/wiki/Noche_de_Walpurgis


Imágenes propias bajo la misma licencia 

que el Blog. 



domingo, 19 de abril de 2015

Las tentaciones del obispo.


Las dos hermanas se apearon de la carreta dando las gracias al hortelano que las había traído  hasta la villa.  La mayor de las dos, que tenía pies ágiles y se sabía el camino, llamó a su compañera para que no se quedara rezagada.

Cuando llegaron cerca del monasterio la más joven parecía ansiosa. La hermana Petra antes de la visita de rigor debía cumplir otras, ella no sabía qué hacer. No quería presentarse sola en el convento y tener que responder preguntas, pero tampoco le alentaba la idea de seguir a su compañera.

Sin tiempo para pensar mucho más la siguió, abandonaron las calles más transitadas y dejaron el cabildo a un lado. Se internaron en una calle estrecha y con poca luz. Había ropa tendida de muchos colores y se escuchaban conversaciones por doquier.

Varios hombres con garrotes paseaban por la calle, uno de ellos se acercó a la hermana Petra y  saludó respetuosamente, la Pajarera la esperaba en su Taberna.

Petra le pregunto por la familia y por su salud y al hombre se le iluminó la cara mientras hablaba de los suyos,  llegaron a la taberna y allí se despidieron.

Abrió la puerta  y saludó con un ave maría purísima. Una mujer morena  con colores en el rostro salió y abrazó a Petra con fuerza y afecto. Las invitó a pasar, abrió una puerta y las introdujo en un pequeño patio donde corría el aire y el agua era melodía.

La hermana Petra miró a la pobre Remedios que todavía no se había repuesto del susto. Habían entrado al barrio de la Magdalena y parecía que todo el mundo la conocía. Antes de que la Pajarera hiciera acto de presencia, Petra le contó que había nacido en aquella villa y había profesado en el convento y hasta que el señor la llevo por otros caminos había convivido y ayudado a toda aquella gente.

La pajarera había llevado picos pardos como todas aquellas que vivían en la calle, se había hecho una pequeña dote y se marchó para casarse con un hombre que hacia jaulas, por eso el mote de la Pajarera.

Con el tiempo el hombre murió y ella regresó a la villa comprando la taberna, y de paso ayudando a sus hermanas a fundar la cofradía de María Magdalena, pagando  sus impuestos al cabildo y creando sus propios estatutos y lugar donde poder ejercer su oficio, contratando a quienes vigilaran la calle y su lugar de trabajo para que no hubiera ningún alboroto ni motivo de enojo.

La Pajarera apareció vestida de calle, saludó a las hermanas y se excusó un momento. Remedios volvió asombrarse aquella mañana, la Pajarera era pelirroja, su pelo era del color del diablo. Aunque sabía que era todo superchería nunca había visto una mujer con aquel color de pelo.
Regresó  con vestiduras más holgadas y un pañuelo en la cabeza y se sentó con ellas.

Se disculpaba por haberlas hecho llamar e interrumpir su viaje, pero necesitaba de la ayuda de la hermana Petra sobre un asunto que les concernía a ellas y a la Iglesia.

Las hermanas de la Magdalena asistían todos los domingos a misa y eran buenas cristianas, había quedado una capilla libre en la iglesia mayor de la villa, y ellas habían pensado en pagar los gastos y que se consagrara a María Magdalena, su patrona. Además de pagar el techado de  la iglesia y de los arreglos que necesitaba.

La Pajarera se había ganado un lugar de respeto en la ciudad, había seguido lo que la hermana Petra le había enseñado, ayudaba a las monjas en el hospital, las mismas Magdalenas contribuían con parte de su dinero en obras de caridad que las monjas distribuían.

Se habían reunido con el capellán de las hermanas para pedirle consejo, y después habían acudido al concejo de hombres buenos y al cabildo de la iglesia mayor para exponer su propuesta.

En primera instancia por ambas partes la proposición fue denegada. Lo habían intentado un par de veces más de manera  discreta pero no tuvieron éxito.

De aquello habían pasado más de tres meses, la iglesia seguía teniendo goteras y las Magdalenas no tenían un lugar donde orar y poder enterrarse.
Lo que los santos hombres y los buenos hombres no habían pensado es que cualquier cosa que ocurriera en la villa o noticia que se contara, las Magdalenas acababan por enterarse.

Por lo que sabían que el Obispo andaba con las arcas vacías y que como la guerra al moro en aquellas tierras ya no se hacía y los judíos eran pocos no había donde poder meter mano.

Lo que aquellas mujeres pedían a Petra es que le llevaran al obispo una carta en su nombre en la que le rogaban que invitara a sus hermanos en cristo e inferiores a reconsiderar su petición.

La monja  leyó la carta y comenzó a  y a reírse con ganas.

Las mujeres públicas recordaban a su eminencia que por ellas pasaban muchos de los secretos de los hombres y como buenas cristianas, y como los confesores, guardaban lo que sólo Dios sabia y que el día del juicio final juzgaría.
 Pero  como bien sabia su eminencia,  ellas eran mujeres, el sexo débil, quizá las buenas mujeres de la ciudad querrían enterarse de las visitas de sus maridos y los vecinos  de la selecta clientela que ellas tenían.
 
Que ellas pagaban sus impuestos hasta tres veces: al cabildo de la ciudad, al hermano putas para el cabildo de la iglesia y algún que otro pago más que la iglesia venía a pedir.
Amenazaban con una huelga de piernas cruzadas y una confesión pública en toda regla. Que en última instancia vendían sus casas y se marchaban a otro lugar en donde las aceptaran de mejor gana.

Petra se despidió de la Pajarera y le prometió que pronto tendría noticias suyas, se encaminaron hacia el convento donde descansaron y visitaron a sus hermanas.

Dos días después emprendieron camino hacia casa. Petra pidió audiencia con el obispo y dejó que la pobre Remedios descansara.

Mientras caminaba hacia la el palacio obispal pensaba en que se estaba haciendo demasiado mayor para tanto viaje y que quizá fuera tiempo de elegir un destino y trabajo menos itinerante.

El obispo la recibió y ella le entrego la carta, la dejó sobre la mesa y charló con la monja sobre sus viajes como visitadora de su orden.
Días después ocurrió un milagro en toda regla. Por tres noches consecutivas  el obispo soñó con Santa Maria Magdalena que con lágrimas en los ojos le decía, ella que había llorado a los pies de la cruz de Jesucristo, que en su diócesis no había sitio ni para ella ni para sus hermanas
.
El obispo hizo una visita a la villa entrevistándose con el cabildo de la iglesia primero y después con el cabildo de la villa. Nadie supo que se habló pero sí que se escucharon gritos y algunas amenazas en ambas reuniones.
Toda la villa se hizo eco del milagro y hasta la Santa dio su beneplácito creando por las manos de la  maestra vidriera del pueblo una obra de arte: un vitral  en  el que se reflejaba el sueño del obispo. 

El 22 de Junio día de Santa María Magdalena  amaneció soleado y brillante. La iglesia mayor como infante que fuera a cristianar o novia a casar lucia radiante y majestuosa.

El obispo lucia vestidos nuevos, dorados y rojos y consagró la capilla en nombre de la santa. Todas las vecinas de la calle de la Magdalena acudieron vestidas discretamente a oír misa y celebrar que ya tenían lugar donde rezar y descansar para siempre.

La hermana Petra había regresado a sus orígenes para pasar sus últimos años y asistió a la misa en nombre de su convento. Durante muchos años se recordó el día en el que el obispo rezó de rodillas ante la vidriera de la Magdalena.

Después en nombre de la Santa se dio de comer a toda la villa y se creó un fondo anual para dotar a muchachas, para casarse o entrar en religión.
Todo sufragado por la Santa y sus hermanas y como no por todo aquel que las visitaba. 


Imagen: Wikiperida, wikimedia commons Autor de la imagen Bot (Eloquence) 

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Pietro_Perugino_047.jpg?uselang=es


viernes, 27 de marzo de 2015

Sopa de piedra.







Eran compañeros de camino, a veces se perdían de vista durante algunas jornadas pero sus pasos volvían a encontrarse siempre. Alguna visita o un negocio en algún pueblo o granja era el pan de cada día.

Él contaba que había nacido entre las dos orillas de un rio y que al igual que el agua, él caminaba por los caminos sin detenerse y  como las cabras desde muy pequeño tiraba para el monte. Riachuelo le llamaba su abuela cariñosamente y desde entonces ese era su nombre.

Ella había nacido a la sombra de un carromato en el recodo del camino, siempre encaramada algún lugar: su padre la llamaba su pequeño monito, era pequeña,  escurridiza y rápida algunos de sus amigos la llamaban la anguila.
Se conocieron años atrás, se habían visto en mercados, en pueblos, en fuentes, en recodos. De lejos siempre midiéndose y reconociéndose. El camino era de todos pero cuidado con hacerse  con lo que no es de uno.

Paso la época de las vacas gordas y llego la de las vacas flacas, no era fácil hacerse con el sustento y algunos caminantes se tornaron en vagabundos y otros en ladrones.

Las posadas y ventas cerraban sus puertas a cal y canto y no  las abrían  hasta que llegaba el alba, los campamentos al aire libre se convirtieron en pequeños bastiones donde el metal relucía a la luz de la luna.

Los caminantes ya no se llamaban hermanos o amigos entre sí, los recelos y la desconfianza se escondían en las bolsas y entre los pliegues de las capas.
La jornada llegaba a su fin, los pies  pedían descanso y el ocaso invitaba al reposo y a la búsqueda de un lugar para dormir.

Una pequeña cabaña techada no hacía mucho tiempo, llamaba a aquellos que buscaban cobijo  y amparo. Hasta media docena de personas se habían concentrado a la puerta de la casa.

Tres más llegaron y se dispusieron en grupos de tres, nadie parecía fiarse de nadie. Nuestros dos protagonistas llegaron por separado observando la estampa.

Riachuelo hizo un fuego y puso su caldero pensando que quizá así la gente se animaría y entre todos podría hacer un guiso que llenara los estómagos y apaciguase los miedos.

Anguila busco en su bolsa y se acercó a él:
-         ¿Podrías prestarme tu caldero y el fuego? Tengo agua e ingredientes pero no donde cocinarlos. Prepararé una rica sopa de piedra que te vas a chupar los dedos.

Se apartó y dejó que ella pusiera agua en  el caldero y mientras removía saco una piedra y la puso dentro. Él le ofreció algo que sacaba de su bolsa.

-         Tengo un par de patatas, seguro que le darán buen sabor.

Ella asintió y dejo que el añadiera las patatas, mientras la gente de alrededor miraba curiosa y murmuraba en voz baja.

Riachuelo probo del guiso y se relamió mientras seguía conversando con ella sobre la opípara cena que se iban a dar.

Se sentaron cerca del fuego y conversaron, poco tiempo después se acercó una niña pequeña con algo en su mandil, había recogido hierbas de la orilla del camino se las traía para enriquecer su guiso.

Ellos la invitaron a que las pusiera y a que lo probara, se marchó y al poco tiempo regreso con su padre, traía nabos silvestres y le invitaron a que los pusiera en el guiso y se sentara con ellos.

La curiosidad había podido con el hombre y después de haber mandado a la pequeña y cerciorarse de que recibía una buena acogida llamó a su mujer que se unió a la reunión.

Unas zanahorias, un poco de carne, sal, unas setas, se fueron añadiendo a la sopa, ante la curiosidad del cada vez más nutrido grupo.

El vino y la cerveza fueron circulando entre los que esperaban  aquella milagrosa sopa, algunos cantaban, otros reían y el miedo dio paso a la confianza y el relajo. Los niños corrían y a ratos se acercaban al mágico caldero y su especial contenido.

Llegado el momento riachuelo y anguila hicieron los honores y repartieron la sopa entre todos, tiempo después cada cual recordaba la historia de diferente manera. Añadiendo unos toques u otros.
Nadie recordaba haber probado una sopa  tan buena, después   una larga sobremesa endulzó el cansancio de los caminantes y casi sin darse cuenta todos fueron buscando un lugar para dormir.

Por la mañana  cada cual se dispuso a seguir su camino con el buen recuerdo de una noche mágica en la que todos habían dejado a un lado los recelos y el miedo y había compartido una sopa celestial con amigos.
Desde entonces Anguila y Riachuelo se hicieron compañeros de camino, y en ocasiones volvían a preparar la famosa sopa de piedra.  Nunca sabía igual y  siempre sacaba lo mejor de las personas.

Mi historia se basa en una leyenda  oral. Me he permitido darle mi propio toque a esta famosa sopa esperando que la disfrutéis tanto como yo lo he hecho al hacerla.
Buen provecho.


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