Hope
cerró la maleta de nuevo. Miró con ojos tristes la que había sido hasta ahora
su habitación. No se le olvidaba nada, la furgoneta de la mudanza pitó y la
chica corrió escaleras abajo hasta llegar a la puerta de la casa. Thomas
dormitaba en el asiento trasero del coche, su madre le ayudo a meter la maleta
con sus cosas más preciadas en el maletero.
Su padre hablaba con los trasportistas, sería un viaje muy largo. Ya estaba
acostumbrada, en sus once años de vida, había vivido muchas.
Los adultos se fueron turnando para conducir, cuando amanecía su padre los
despertó para que vieran la estatua de la libertad en la lejanía. Durante un
par de semanas vivirían en un hotel mientras acababan las obras de su nueva
casa a las afueras.
El Hotel Olimpus tenía un porte grandioso, que se veía un poco deslucido por
los edificios que habían ido creciendo a su alrededor. Sus columnas y algunas
gárgolas, que aunque no eran contemporáneas le daban color al lugar.
Hope le dijo a su hermano al oído en cuanto bajaron del coche, que aquel lugar
debía tener por lo menos mil años. Los ojos del pequeño se iluminaron.
Los primeros días se quedaron solos ya
que su madre comenzaba a trabajar y su padre tenía que resolver asuntos varios
en aquella gran urbe. El servicio de canguro del hotel los dos primeros días
funciono, pero al tercero su cuidadora no apareció.
Se dedicaron a subir y buscar desde la ventana más alta si localizaban
Central Park. No hubo suerte, lo más parecido a entretenimiento que encontraron
fue en el piso 33 la biblioteca del hotel si podía llamarse así.
Grandes estanterías llenas de libros que se perdían en las alturas, mesas de
roble y sillas en las que probaron a sentarse pero sus pies no llegaban al
suelo.
Cuadros
colgados de señoras y señores que los miraban inquisitivamente con ropas de hacía
mucho tiempo. Pero allí tampoco estaba el gran parque. Lo más cercano eran un
par de ardillas que estaban disecadas y un alce que parecía más un perchero, que
el paso de los años lo había apolillado. Salieron de allí con el tiempo justo
para llegar a su habitación antes de que sus padres llegarán.
Los días pasaban y parecía que los arreglos de la casa se alargaban, por fin el
domingo visitaron Central Park . El lunes llegó y siguieron sus aventuras en el
hotel mientras su guardiana seguía sin aparecer a nadie parecía importarle
demasiado, sobre todo porque no molestaban a nadie.
Hope y Thomas subían a diario a la biblioteca y se perdían entre los libros a
veces se asomaban a las ventanas y también se perdían entre las calles y lo que
se veían desde las alturas. El movimiento de los coches, el de la gente que
parecían pequeñas hormigas con la ayuda
de los prismáticos podían estar más cerca de lo que ocurria en la Gran Manzana.
Llegó la última noche antes de partir hacia su nueva casa, quisieron visitarlo
en la calma de la noche como queriendo buscar su esencia. Si de día era un
lugar anclado en un tiempo pasado, de noche lo era aun más. Sus padres
salieron para celebrar el comienzo de una nueva vida, y el bendito
servicio de canguros volvió a fallar.
Subieron a la biblioteca que parecía extrañamente concurrida, se escuchaban
susurros y vieron luces tenues. Abrieron la puerta y se encontraron a los
habitantes de los cuadros sentados en una de las mesas deliberando algo muy
grave.
Estaban tan concentrados en sus problemas que no se dieron cuenta de que
estaban allí. Grandes bigotes, pelucas empolvadas de personajes que la gran
mayoría no estuvieron nunca en aquel lugar.
Por lo que llegaron a entender había desaparecido una de ellos: Lady Penélope
Talbot, nadie había abandonado su lugar en los ciento treinta años de vida del
hotel y menos aun dejado su puesto de fantasmas cualificados.
Los niños desandaron su camino dejando aquellas apariciones debatiendo algo que
no podían resolver. Hope recordó la historia que les conto su abuela sobre
Penélope que se canso de esperar a Ulises y acabo por marcharse, quizá es lo
que le paso a esta nueva heroína que eso de permanecer allí no era lo suyo.
Extrañamente la maleta de Hope pesaba más que cuando llego. La abrió y se
encontró un libro cuyo título: Penélope y un pequeño espejo le hizo comprender
todo. No hubo tiempo para nada más.
Mientras se alejaban y pidió que nadie se diera cuenta de la polizona que
llevaba en su maleta, después de todo serian cinco los que comenzaban una nueva
aventura.
Desde entonces el pequeño espejo acompañaban a la chica en su mochila y Lady
Talbot se convirtió en su mejor amiga, que descubrió aquella ciudad que nunca
llego a visitar en vida.
Y el libro de Penélope que Hope fue escribiendo, se convirtió en la historia de
ambas después de todo Nueva York era un mundo dentro de muchos y quedaba mucho
por descubrir y por vivir.
En el Hotel Olimpo mientras, se cuenta una leyenda urbana que todas las noches
los cuadros de la biblioteca cobran vida, todos memos uno que está vacío.

Muchas gracias, Ainhoa, por participar con este relato en el homenaje a Carmen Martín Gaite. Mucha suerte.
ResponderEliminarGracias a ti por el reto Marta. Un abrazo.
EliminarSalud Ainhoa, qué bonita y plácida historia de una Penélope fantasma que sale con Hope (esperanza) a mostrarle el viejo New York pero también a vivir esa vida de aventuras que perdió esperando a su Ulises.
ResponderEliminarGracias por ella y por tu trabajo en You Tube al que siempre estoy atenta. Un abrazo
Hola Juana, gracias a ti por apreciar el relato y los videos. Un abrazo.
Eliminarlos hoteles de new york son basicamente miniuniverso, el Olimpus pues entra en esos mundos de leyendas en donde cada habitacion cuenta sus propias historias , como la de Hope, la maleta, ... son historia porpias de new york, pero aun asi dignas de esos lujosos hoteles que se han hecho celebres por alojar los mas curiosos huespedes.
ResponderEliminarHola J.C, muy cierto que los hoteles tienen sus propios mundos en un universo donde todo es posible. Gracias por comentar. Un saludo.
EliminarTodos estos edificios, que ya cuentan con un siglo o más de existencia, bien podrían albergar espíritus. Es harto inusual que las ánimas se muden, dejando la guisa donde primero se manifestaron, mas, a Dios gracias, por lo menos la Talbot se muestra afable.
ResponderEliminarHola Lucila, cierto que los fantasmas no suelen cambian de residencia. Parece que la Talbot tenia ganas de ver el mundo que no vio cuando estuvo viva. Un abrazo.
EliminarHola Ainhoa, un relato muy agradable con esos niños curiosos, aunque extrañamente bien portados jejeje. Me encantó que encontraran a los fantasmas debatiendo en la vieja biblioteca y el hecho de que Hope se llevara a Penélope me pareció genial. Un relato que podría tener continuación con las aventuras de las dos. Enhorabuena. Saludos.
ResponderEliminarHola Ana Piera, muchas gracias por tu comentario yo también espero que sigan viviendo muchas aventuras juntas. Un abrazo.
EliminarCuando han salido a k vestida por las habitaciones pensé qie aparecería Jack nicholson.
ResponderEliminarEsos hoteles tan gigantescos, en medio de la gran manzana, antiguos como la ciudad causan miedo casi sin fantasmas.
Y son muy propios de New York.
Primera que recuerde de fantasía.
AbrZooo y suerte
Hola Gabiliante, mientras leía tu comentario me he acordado de esa peli da mucho miedito. Y es verdad que en muchas pelis aparecen esos hoteles infinitos que a veces no sabes donde empiezan y donde acaban. Gracias por tu comentario un abrazo.
EliminarHola, Ainhoa, un relato que tiene como atmósfera, no solo la ciudad de Nueva York que pedía el reto sino también una biblioteca. Aunque esta, de primeras, no gustase a los niños, después empezaron a vivir grandes aventuras gracias a los libros. Y es que los grandes edificios si tienen biblioteca pueden estar genial y no solo Central Park.
ResponderEliminarUn abrazo. 🤗
Hola Merche. Si es cierto que las bibliotecas dan mucho juego. Y hay más Nueva York que el gran parque. Buena semana un abrazo.
EliminarHola Ainhoa
ResponderEliminar¡Qué bonito! Hope ya tiene una amiga en la gran ciudad, alguien con quien charlar y compartir las aventuras descubriendo un mundo nuevo, (para las dos, claro). ¡Qué buena idea la de adoptar a su amiga!
Un abrazo
Marlen
Kaixo Marlen, a veces la vida sorprende y de los cambios hay cosas nuevas. Seguro que ambas vivirán nuevas aventuras. Muxus
EliminarBonito relato, Ainhoa. Tierno y entretenido. Supongo que esta moderna Penélope fantasmal se cansó de esperar a su Ulises y se lanzó a vivir su propia odisea en Nueva York.
ResponderEliminarUn abrazo.
Hola Ainhoa. Combinas la magia de la infancia con el encanto misterioso de Nueva York. La historia de Hope y Thomas, dos niños enfrentándose a una nueva mudanza, captura esa mezcla de emoción y desarraigo que sienten los pequeños ante los cambios. La descripción inicial de Hope cerrando la maleta y mirando su habitación con tristeza es un comienzo conmovedor que establece su perspectiva inocente pero profunda. En solo unas líneas, logras que el lector empatice con ella y su hermano. La llegada a Nueva York, con la Estatua de la Libertad asomando en la lejanía, es un momento que evoca la grandeza de la ciudad, pero el texto brilla especialmente al retratar el Hotel Olimpus. Las columnas, las gárgolas y el aire anacrónico del lugar crean una atmósfera que mezcla lo grandioso con lo decadente, casi como si el hotel fuera un personaje más, cargado de historias. La exageración infantil de Hope al decir que el hotel debe tener "mil años" y la reacción de Thomas añaden un toque de humor encantador que hace que los niños se sientan reales.
ResponderEliminarEl texto transmite una sensación de aventura y posibilidad, especialmente en la relación entre Hope y Lady Talbot, que se convierte en una compañera invisible para explorar Nueva York.
El toque final de la leyenda urbana en el Hotel Olimpus, con el cuadro vacío, redondea la narrativa con un aire de misterio que invita a releer.
Te felicito.
Hola Marco, te felicito yo por el análisis de mi relato que le da otra perspectiva que me encanta. Es un placer leer tus comentarios siempre acabo sonriendo y aprendiendo de ellos. Gracias por tu interes y por tus palabras. Un abrazo y buen fin de semana.
EliminarPreciosa manera de iniciarse en la escritura para una futura escritora. Qué fantasma tan entrañable y qué bonito momento has creado desde la mirada infantil hacia los misteriosos habitantes del hotel.
ResponderEliminarY todo con tu sello singular y sonriente :)
Un abrazo
Hola Volarela, gracias por tu comentario afectuoso. Un abrazo.
Eliminar¡Hola, Ahinoa! Aquí una fiel seguidora de tus vídeos y ahora lectora de tu particular fantasma. Parece que estoy viendo una peli mientras como palomitas, desde luego es un buen argumento para llevarlo al cine. La etapa final es ingeniosa, Si algún día visito el Hotel Olimpo sabré el motivo de que falte uno.
ResponderEliminarTe felicito, compañera “cuentista” (en el mejor de los sentidos)
Hola Tara, muchas gracias por tu comentario yo también soy fan y lectura tuya. Me alegra que te guste mi historía. Un abrazo.
EliminarHola, Ainhoa. Un par de hermanos aburridos y un cuadro con ganas de ver mundo, ¿hay mejores compañeros de viaje para descubrir la ciudad de Nueva York?
ResponderEliminarBuen trabajo, Ainhoa. Felicidades.
¡Hola, Ainhoa! Un relato precioso el que nos traes. Ambientado en ese vetusto hotel de New York, tan vacío de personal , ya le da una atmósfera de silencio. Lós dos niños, que lo recorren en solitario, sobrecogen al lector por el temor a lo que les va a pasar. Lo resuelves maravillosamente bien con esa Penélope. Fantasía y creatividad al poder. Me ha encantado.
ResponderEliminarHola, Ainhoa. Este relato tuyo es un cuento muy, pero que muy bonito. Ahora bien. Voy a comentarte algo que quizá nadie se ha atrevido a decir. Yo soy la primera que cometo faltas y alguien a quien le falta mucho por aprender, pero pese a que la historia es fantástica, he sentido como la falta de comas, la falta de tildes que deberían haber parecido, entro otros errores, me sacaban del relato. Por lo que debía concentrarme demasiado en leerlo. Mi consejo no pedido es que antes de pasar un relato a tu blog, lo escribas en un procesador de textos y le pases el corrector ortográfico. Eso ayuda un montón a entender tus historias a quienes te lean.
ResponderEliminarNo te lo tomes a mal, por favor 🙏
Hola de la Flor, te agradezco tu consejo y volveré a repasarlo las veces que haga falta. La corrección es indispensable y es algo que se le daba mejor a Guille. Te agradezco tu consejo y pondré más cuidado. Un abrazo.
EliminarHola Ainhoa. NUnca se sabe si estas historias de fantasmas que ven los niños tienen algo de real o están solo en su imaginación. El caso es que la amiga que tanto le hace falta a Hope la ha encontrado en una vieja buhardilla y será su compañera en esa ciudad desconocida. Un abrazo.
ResponderEliminarHola, Ainhoa, buenas tardes.
ResponderEliminarTu texto se aparta bastante de lo aportado por otros compañeros, aunque mantiene el interés y la intriga por lo que está por venir. La suma de escenas que refleja lo hace original y agradable de leer, aunque lo sería más si, como apunta la compañera Noelia, estuviera un poco más pulido (corregido); espero que no te parezca mal el comentario. Te confesaré que, en mi caso, corrijo mil y una veces cada párrafo antes de darlo por válido, y aun así se me cuelan despistes aquí y allá.
En todo caso, te doy la enhorabuena por participar y las gracias por compartir tu trabajo.
Un cordial saludo.
Patxi.
Hola Patxi, agradezco mucho tu comentario. Si que es cierto que cuando publique el texto lo dice a la carrera y tenia que haberlo revisado varias veces. Cosa que hice después de leer el comentario de Noelia. Nunca es tarde para aprende. Gracias también por tu apreciación del cuento. Un abrazo y buen finde.
EliminarHola Ainhoa, siempre he pensado que hay historias que no se escriben, se susurran, y esta es una de ellas. La magia nunca fue una intrusa en este relato, sino la compañera silenciosa que habita en los espacios olvidados: en las bibliotecas polvorientas donde los cuadros suspiran, en las maletas que guardan más secretos que pertenencias, y en los espejos que reflejan amistades imposibles. Me quedo con la imagen de Hope y Thomas descubriendo que la verdadera aventura no estaba en encontrar Central Park, sino en perderse en el umbral entre lo real y lo eterno, donde los fantasmas no asustan, sino que acompañan. Porque al final, este viaje nos recuerda que los hogares no siempre tienen paredes: a veces caben en una maleta, se esconden en un espejo antiguo, o se construyen con la tinta de las historias que decidimos llevar con nosotros, como un eco de voces que el tiempo no logra silenciar. Abrazos desde Venezuela
ResponderEliminarHola Raquel qué hermosa reflexión sobre mi relato te lo agradezco un montón. Me ha gustado muchísimo. Un abrazo
EliminarHola Ainhoa! Me ha encantado tu historia, porque mezcla la siempre moderna Nueva York con una historia clásica de fantasmas con cierta antigüedad! Una historia muy diferente a las demás! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!
ResponderEliminarHola Marifelita, muchas gracias por tu comentario un abrazo.
EliminarHola, Ainhoa! Lindo giro en la historia. Me gustó mucho. Es cierto que en todos lados hay fantasmas! Un abrazo
ResponderEliminarHola Mirna, sí es cierto que en todos los lugares hay fantasmas. Algunos más bondadosos otros menos, un abrazo.
EliminarHola, Ainhoa, un relato encantador que inicias con esa maleta para que le prestemos atención, ya que al final también tendrá su protagonismo. Me ha encantado la hermosa historia que encierra.
ResponderEliminarLas mudanzas son siempre curiosas y algo inquietantes, aquí a pesar de esas extrañezas, los niños más bien parecen alegrarse y eso hace el relato más delicioso si cabe. Un abrazo.
Hola Harolina, sí es cierto que la maleta tiene su peso en la historia. Un abrazo.
Eliminar