domingo, 19 de abril de 2015

Las tentaciones del obispo.


Las dos hermanas se apearon de la carreta dando las gracias al hortelano que las había traído  hasta la villa.  La mayor de las dos, que tenía pies ágiles y se sabía el camino, llamó a su compañera para que no se quedara rezagada.

Cuando llegaron cerca del monasterio la más joven parecía ansiosa. La hermana Petra antes de la visita de rigor debía cumplir otras, ella no sabía qué hacer. No quería presentarse sola en el convento y tener que responder preguntas, pero tampoco le alentaba la idea de seguir a su compañera.

Sin tiempo para pensar mucho más la siguió, abandonaron las calles más transitadas y dejaron el cabildo a un lado. Se internaron en una calle estrecha y con poca luz. Había ropa tendida de muchos colores y se escuchaban conversaciones por doquier.

Varios hombres con garrotes paseaban por la calle, uno de ellos se acercó a la hermana Petra y  saludó respetuosamente, la Pajarera la esperaba en su Taberna.

Petra le pregunto por la familia y por su salud y al hombre se le iluminó la cara mientras hablaba de los suyos,  llegaron a la taberna y allí se despidieron.

Abrió la puerta  y saludó con un ave maría purísima. Una mujer morena  con colores en el rostro salió y abrazó a Petra con fuerza y afecto. Las invitó a pasar, abrió una puerta y las introdujo en un pequeño patio donde corría el aire y el agua era melodía.

La hermana Petra miró a la pobre Remedios que todavía no se había repuesto del susto. Habían entrado al barrio de la Magdalena y parecía que todo el mundo la conocía. Antes de que la Pajarera hiciera acto de presencia, Petra le contó que había nacido en aquella villa y había profesado en el convento y hasta que el señor la llevo por otros caminos había convivido y ayudado a toda aquella gente.

La pajarera había llevado picos pardos como todas aquellas que vivían en la calle, se había hecho una pequeña dote y se marchó para casarse con un hombre que hacia jaulas, por eso el mote de la Pajarera.

Con el tiempo el hombre murió y ella regresó a la villa comprando la taberna, y de paso ayudando a sus hermanas a fundar la cofradía de María Magdalena, pagando  sus impuestos al cabildo y creando sus propios estatutos y lugar donde poder ejercer su oficio, contratando a quienes vigilaran la calle y su lugar de trabajo para que no hubiera ningún alboroto ni motivo de enojo.

La Pajarera apareció vestida de calle, saludó a las hermanas y se excusó un momento. Remedios volvió asombrarse aquella mañana, la Pajarera era pelirroja, su pelo era del color del diablo. Aunque sabía que era todo superchería nunca había visto una mujer con aquel color de pelo.
Regresó  con vestiduras más holgadas y un pañuelo en la cabeza y se sentó con ellas.

Se disculpaba por haberlas hecho llamar e interrumpir su viaje, pero necesitaba de la ayuda de la hermana Petra sobre un asunto que les concernía a ellas y a la Iglesia.

Las hermanas de la Magdalena asistían todos los domingos a misa y eran buenas cristianas, había quedado una capilla libre en la iglesia mayor de la villa, y ellas habían pensado en pagar los gastos y que se consagrara a María Magdalena, su patrona. Además de pagar el techado de  la iglesia y de los arreglos que necesitaba.

La Pajarera se había ganado un lugar de respeto en la ciudad, había seguido lo que la hermana Petra le había enseñado, ayudaba a las monjas en el hospital, las mismas Magdalenas contribuían con parte de su dinero en obras de caridad que las monjas distribuían.

Se habían reunido con el capellán de las hermanas para pedirle consejo, y después habían acudido al concejo de hombres buenos y al cabildo de la iglesia mayor para exponer su propuesta.

En primera instancia por ambas partes la proposición fue denegada. Lo habían intentado un par de veces más de manera  discreta pero no tuvieron éxito.

De aquello habían pasado más de tres meses, la iglesia seguía teniendo goteras y las Magdalenas no tenían un lugar donde orar y poder enterrarse.
Lo que los santos hombres y los buenos hombres no habían pensado es que cualquier cosa que ocurriera en la villa o noticia que se contara, las Magdalenas acababan por enterarse.

Por lo que sabían que el Obispo andaba con las arcas vacías y que como la guerra al moro en aquellas tierras ya no se hacía y los judíos eran pocos no había donde poder meter mano.

Lo que aquellas mujeres pedían a Petra es que le llevaran al obispo una carta en su nombre en la que le rogaban que invitara a sus hermanos en cristo e inferiores a reconsiderar su petición.

La monja  leyó la carta y comenzó a  y a reírse con ganas.

Las mujeres públicas recordaban a su eminencia que por ellas pasaban muchos de los secretos de los hombres y como buenas cristianas, y como los confesores, guardaban lo que sólo Dios sabia y que el día del juicio final juzgaría.
 Pero  como bien sabia su eminencia,  ellas eran mujeres, el sexo débil, quizá las buenas mujeres de la ciudad querrían enterarse de las visitas de sus maridos y los vecinos  de la selecta clientela que ellas tenían.
 
Que ellas pagaban sus impuestos hasta tres veces: al cabildo de la ciudad, al hermano putas para el cabildo de la iglesia y algún que otro pago más que la iglesia venía a pedir.
Amenazaban con una huelga de piernas cruzadas y una confesión pública en toda regla. Que en última instancia vendían sus casas y se marchaban a otro lugar en donde las aceptaran de mejor gana.

Petra se despidió de la Pajarera y le prometió que pronto tendría noticias suyas, se encaminaron hacia el convento donde descansaron y visitaron a sus hermanas.

Dos días después emprendieron camino hacia casa. Petra pidió audiencia con el obispo y dejó que la pobre Remedios descansara.

Mientras caminaba hacia la el palacio obispal pensaba en que se estaba haciendo demasiado mayor para tanto viaje y que quizá fuera tiempo de elegir un destino y trabajo menos itinerante.

El obispo la recibió y ella le entrego la carta, la dejó sobre la mesa y charló con la monja sobre sus viajes como visitadora de su orden.
Días después ocurrió un milagro en toda regla. Por tres noches consecutivas  el obispo soñó con Santa Maria Magdalena que con lágrimas en los ojos le decía, ella que había llorado a los pies de la cruz de Jesucristo, que en su diócesis no había sitio ni para ella ni para sus hermanas
.
El obispo hizo una visita a la villa entrevistándose con el cabildo de la iglesia primero y después con el cabildo de la villa. Nadie supo que se habló pero sí que se escucharon gritos y algunas amenazas en ambas reuniones.
Toda la villa se hizo eco del milagro y hasta la Santa dio su beneplácito creando por las manos de la  maestra vidriera del pueblo una obra de arte: un vitral  en  el que se reflejaba el sueño del obispo. 

El 22 de Junio día de Santa María Magdalena  amaneció soleado y brillante. La iglesia mayor como infante que fuera a cristianar o novia a casar lucia radiante y majestuosa.

El obispo lucia vestidos nuevos, dorados y rojos y consagró la capilla en nombre de la santa. Todas las vecinas de la calle de la Magdalena acudieron vestidas discretamente a oír misa y celebrar que ya tenían lugar donde rezar y descansar para siempre.

La hermana Petra había regresado a sus orígenes para pasar sus últimos años y asistió a la misa en nombre de su convento. Durante muchos años se recordó el día en el que el obispo rezó de rodillas ante la vidriera de la Magdalena.

Después en nombre de la Santa se dio de comer a toda la villa y se creó un fondo anual para dotar a muchachas, para casarse o entrar en religión.
Todo sufragado por la Santa y sus hermanas y como no por todo aquel que las visitaba. 


Imagen: Wikiperida, wikimedia commons Autor de la imagen Bot (Eloquence) 

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Pietro_Perugino_047.jpg?uselang=es


14 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho. Es una historia divertida de mujeres buenas, inteligentes y muy capaces de conseguir sus fines con autentica diplomacia. Ya sean putas o monjas han sabido como "ablandar "el corazón de un obispo.
    Besos

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    1. me alegra que te guste Ambar :) que tengas una buena semana.

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  2. Es buenisimo Leonor.Me he reido mucho con la carta.

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    1. :) me alegro Presentación un poco de risa es salud.

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  3. Es buenísima, me recuerda por el tono a la de la infanta Elvira...pero ésta es mejor aún. Enhorabuena, Leonor.

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    1. Gracias Sota, es cierto que es en la linea de la infanta Elvira.

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  4. En la línea de las novelas de Toti Martínez de Lezea,con la mujer como protagonista de la pequeña y de la gran historia. Enhorabuena.
    Un saludo

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    1. Gracias por el piropo Carmen, acabamos sonando aquello que leemos, un abrazo y buena semana.

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    1. gracias :) un poco de humor nunca esta de más. un besote.

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    1. Gracias Anton, tiene su cara y su cruz, gracias por leernos y comentar.

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  7. Para reirse un ratito. un abrazo Merit.

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