domingo, 29 de junio de 2014

Cuando llueve.




Ha pasado mucho tiempo  y muchos días de lluvia y sol desde que estoy en esta manada. Han pasado muchas cosas desde que me trajeron a este lugar. Llovía  mansamente después de una noche de gran tormenta y yo era más joven y más inexperta y mis cuatro patas corrían más que mi mente.

Ella se quedó en la puerta de nuestro hogar mirándome. Yo sabía que debía quedarme, no todo estaba bien, eso lo sabía, otras veces habíamos reído y llorado juntas una junto a la otra y en esta ocasión me alejaba de ella, algo que entonces no comprendía.

Mis primeros ladridos y caricias habían sido para ella, y sus atenciones y desvelos habían sido míos. Éramos una manada, ella cazaba para las dos y yo guardaba nuestra guarida para que nadie entrara.

A nuestra manada se fueron uniendo otros, con otros olores y otras vidas, y coincidíamos fuera en la calle y a veces venían a nuestro hogar o salíamos a descubrir el mundo en compañía.

Descubrí a los cachorros de otras manadas, pequeños y curiosos y mejor no perderlos de vista por si se despistaban del lugar donde estaban seguros.

Entre toda aquella marea de patas y olores, caricias y juegos, había una manada de dos, olían bien y a seguro y yo y ella siempre fuimos bienvenidas en su casa.

Una tarde de otoño vinieron a buscarla y se marchó. Estaba enferma y yo me pasé las horas mirando hacia la puerta, sin hambre y esperando a que regresara.

Por fin un día se abrió la puerta y allí estaba, cansada. Olía de manera extraña y sonreía, no me dejaron que me acercara demasiado, por miedo a que le pudiera hacer daño.

Desde entonces se sentaba cerca de la ventana y miraba llover, yo me sentaba a sus pies y pasábamos las horas en compañía viendo caer las gotas y sonriendo cuando el arcoíris salía.

Cuando lucía el sol  solíamos quedarnos en el jardín, un mundo nuevo, yo corría y perseguía a todo lo que  me llamaba la atención; ella me observaba y era feliz, pero eso que le enfermaba seguía allí, y podía olerlo.

Después de mi destierro y la llegada a mi nueva manada, ella vino un par de veces, a visitarnos. La notaba cansada y las dos estábamos tristes  en cada despedida.

Una madrugada de invierno un aullido en mitad de la noche despertó a los de la casa, un minuto después sonó ese aparato que utilizan para comunicarse.

Ella se había ido. Me llamaron y comenzaron  a acariciarme, mientras preparaban algo de comer, estaban tristes, todos la echaríamos de menos, sus pasos estaban en otro lugar.

La enterraron y mi única idea era sacarla de allí, no podía, me habían atado y sólo podía ladrar lastimeramente, mi antigua manada se había roto.

Ahora formaba parte de aquella manada de dos, a la que con el tiempo llegaron dos cachorros, ella no se había ido del todo, cuando el arcoíris  salía, ella regresaba entre la lluvia y entraba en la casa.

Los cachorros y yo solíamos mirarla, y yo me acercaba y le ladraba,  mi nueva manada parecía saberlo y cuando llegaba ese momento, abrían la puerta al jardín y dejaban que  fuera a saludarla. A  veces ellos la llamaban también, y ella sonreía.

Ahora no olía, pero sé que ya no siente dolor, y que es feliz ahí donde está, y algún día, cuando llegue el momento, vendrá a buscarme para emprender nuevas aventuras.



Dedicado a Ixone, y a Arantza Fernandez.

Fuente de la imagen Arantza Fernandez. 

17 comentarios:

  1. Cuanta belleza, dolor y esperanza, a la vez.

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  2. Dan ganas de llorar y de alegrarse, no se por qué.

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    1. Quizá por que después de todo si queremos creer que aquí no acaba todo podemos y pensar que hay algo en donde aquellos que queremos y nosotros nos encontraremos o quizá por que lo melancólico y triste también tiene su belleza y su punto de alegría. Podemos elegir, un saludo Presentación.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Gracias Migue :) buena semana y si tienes compañeros caninos o felinos o de otra clase disfrútalos. un saludo.

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    1. si enseña que es la amistad y el amor entre seres de dos y cuatro patas en este caso. un saludo Aur.

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  6. No lo has escrito para juzgar, y eso es bueno.

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    1. Lo es, es un homenaje a alguien en particular y extendido a los amantes de los animales. un saludo.

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