lunes, 6 de enero de 2014

¿Lees coreano? (II)



Ni borracho, ni con mono, ni policía secreta. Seguro. Un tío con un bajonazo. Con un problema. Perdido en su mundo, mirando el móvil sin verlo. Con chaqueta, desentonando en el barrio. Un pijo loco, aunque hay cosas peores. Sacudió la cabeza. Igual uno al que le han dado un palo en una esquina. Así no sacaba nada en claro. Ni le convencía lo del palo, le habrían levantado el móvil de fijo y no parecería tan tranquilo como un buda flaco y desesperado. Se escurrió hasta el balcón pisando con cuidado, los balcones viejos nunca son de fiar. Silbó hasta que el personaje pareció volver en sí y alzó la cabeza.

-Hola. ¿Lees coreano?
-¿Cómo dices? –el tipo parpadeó igual que un intermitente-
-A ver el plan B… ¿Sabes usar una olla de esas que le pones todo dentro y hace sola la comida? He pillado una, pero sólo está el folleto coreano.
-Sí, se cómo se usa.
-Genial. ¿Me ayudas?
-Si me abres la puerta…y luego me dices dónde estoy. Me he perdido del todo.
-Se nota un poco. La puerta no te la puedo abrir, pero te digo donde tienes que poner los pies para subir, está tirado. Y te aviso con el balcón, que es lo más cutre.

Ni se lo planteó. Lo hizo. Colgado por algo muy grave, diagnosticó ella mientras lo veía trepar como un lagarto. Le indicó los dos puntos peligrosos del balcón y le hizo pasar adentro. El tío miraba, normal, pero no parecía asombrado. Ni asustado. A ella casi ni la había mirado. Lo ha plantado la compañera por teléfono, se dijo para sí misma. O eso o lo buscan por asesinato, se la ha cargado, le ha dado el shock, se ha perdido en su propia ciudad, tiene amnesia y ya verás que marronazo como yo le recuerde a ella. Joder.

Seguía tan tranquilo. En la cocina miró bien la olla, comprobando el cable y el enchufe. Las piezas también.

-Estaba en la basura. No te imaginas lo que la gente tira sin estrenar. Lo mismo dejar sólo el folleto coreano era el chiste. ¿Cojo notas? Para enterarme de todo.
-Vale.
-Perdona, tío... ¿Quieres algo de beber, o un peta?
-Querría, si no tuviera que bajar como Spiderman. Hoy tengo el día gafe, no quiero acabarlo en Urgencias. Gracias.

Un buen montón de notas. Vale, estaba off pero ya no parecía un asesino. El síndrome de la okupa, decía un colega suyo. Acabas viendo pelis hasta cuando estás meando, y todas son de terror. Pijo tampoco, o no mucho. Estudiante. Prudente. Normal. Y hasta estaba bueno. Déjalo, tía. Tampoco Lecter parecía uno que se va comiendo a la peña. Unos días tirando a bala feminista y otros me mosqueo porque un menda ni me mira.

-¿Qué has dicho?
-Que el agua, si es un guiso, o el aceite si es otra cosa, hay que ponerlos siempre primero, abajo, en la cesta.
-Vale. ¿Pasteles también hace?
-También.
-Qué potra.

Al final encontró un plano transporte de los que coges en los buses, dibujó una ruta y aceptó su número de móvil por lo de la olla. Lo vio bajar y perderse, menos perdido, tras la esquina oscura de la farola arrancada.

-Es raro el mundo –se dijo en voz alta- Y no era Lecter. O ya había cenado.




Imagen: Calleja de Toledo, folleto turístico escaneado.

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