viernes, 8 de noviembre de 2013

Los leprosos del siglo XXI.



A estas alturas de mi vida y viendo cómo  está el país nadie sabe cuál será nuestro futuro, de eso estoy segura.

Todos los días en los caminares de la vida nos encontramos con gente que  sobrevive vendiendo en la calle, ofreciendo servicios, hasta si no  queda otra opción, pidiendo para poder subsistir.
Yo he estado del lado del que la gente pasa y los miramos por un instante y nuestras miradas se quedan grabadas en esas esquinas o esas aceras, las hay de muchos tipos.

Tanto que se habla de que somos números de la impersonalidad de los gobiernos y de las administraciones, a pie de calle acabamos haciendo lo mismo: pasamos, miramos desde el otro lado de la verja y es uno que vende o pide, otro más. Sin pararnos a pensar que quizá además de la moneda  esa persona necesita unas palabras de aliento.

He conocido gente cercana que trabaja en la calle cara al público y curiosamente además de su empleo ejercen una labor social, acaban siendo centros de  información, más de uno se sorprendería al pasar una jornada  en su compañía: la cantidad de personas que se acercan a preguntar por un lugar o un comercio mientras los cupones siguen criando y multiplicándose. No es una obligación el comprar como no lo es la de dar a quien pide.


 Un día salté la verja, y deje el  alambre de lado. Cuando me junto por la calle con este tipo de personas las trato con la misma dignidad con la que trato a cualquier vecino o viandante.  De los dos lados de la alambrada hay gente de todo tipo y se pueden aprender y vivir toda clase de experiencias.

Alguna vez he mirado a quienes  dan , y también a los que pasan, y lo que más llama la atención son sus miradas que son un espejo en el que se reflejan las más variadas historias.

No voy a referir todas ellas ya que me daría para una segunda parte de las mil y una noches, pero si puedo citar algunas, desde el desprecio, ya sean foráneos o extranjeros, la melancolía de quienes tienen a sus familias lejos y ven en esas personas una prolongación de ellos mismos o los suyos, o lo que podría pasarles en un futuro.

Muchos tienen miedo de ser los próximos leprosos sin darse cuenta que hay manera de poner cura a esa enfermedad, parándose y hablando, ayudando en la medida de lo posible a que esas personas en un futuro puedan ser canales de ayuda a otros y un grano de  trigo no hace granero pero ayuda al compañero.


Cuentan las escrituras que hasta la viuda dio un óbolo al templo.  Puede ser una moneda, o un buenos días o preguntar por cómo va el día, un consejo sobre dónde comprar más barato, una sonrisa que deje las murallas de la hipocresía en ruinas. Así quizá nos encontremos lo que nosotros buscamos, que la vida es mejor de lo que pensamos. 


Fuente Imagen Wikipedia, articulo gota de lluvia, user Urcomunicacion.

16 comentarios:

  1. Las sociedades occidentales viven presas del dinero, de aparentar, de mirar por encima del hombro al vecino como sea, de la envidia, de perseguir el ideal de belleza y éxito impuesto por la televisión. Somos prisioneros de las grandes empresas y del gobierno, que lo es también y mucho. Los que nada tienen no tienen miedo a perder porque no dan valor a la material, sino a los pequeños detalles, aunque sean nimios que le ofrece la vida diaria.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me quedo con lo segundo Carmen con los pequeños detalles que nos da la vida a diario.Gracias por tus palabras y un buen comienzo de semana. un saludo.

      Eliminar
  2. Me recuerda la charla que Guillermo de Baskerville le da a Adso en El nombre de la rosa, intentando hacer que sepa qué son 'los excluidos'. Ante todo, siempre son los otros. Y en la medida en que se les va empujando más hacia los círculos exteriores del rebaño, y finalmente fuera del rebaño mismo, ya ni tan siquiera son personas. Son los sin nombre, sin destino. Los peligrosos. Los chivos expiatorios.
    Y quien anda con ellos empieza a ser peligroso, o está loco.

    ResponderEliminar
  3. :) a mi me recuerda a una de las historias de Fray Cadfael,

    ResponderEliminar
  4. También, la de 'El leproso de Saint Gilles', que en el fondo y de otra manera, habla de lo mismo: e los sin nombre.

    ResponderEliminar
  5. Respuestas
    1. gracias :) si este día estaba inspirada.

      Eliminar
  6. No tenemos capacidad como antes de ponernos en el lugar del otro y asi nos va. Impresionante.

    ResponderEliminar
  7. Ciertos es Presentación que parece mas difícil encontrar gente que sea empatica pero al final es como el sonreír, es mas contagioso de lo que parece. Bienvenida a este rinconcito y gracias por Leernos, esperamos que te encuentres a gusto y un placer conocer a otra Soler. un saludo.

    ResponderEliminar
  8. Qué acertado. Y que poco dados somos a saltar ninguna verja, a sentirnos seguros a costa de quien sea. Me ha impresionado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por circunstancias de la vida estamos mas seguros en lugares o entornos que creemos que controlamos cuando no es así, mas allá de esa verja hay mundos por descubrir y gente que conocer, ademas todos cuando acaba el día nos desvestimos por el mismo sitio ya sea por los pies o por la cabeza. un saludo.

      Eliminar
  9. Respuestas
    1. Lo es, la lastima que muchos no miran mas allá de sus narices. un saludo y buena jornada.

      Eliminar
  10. Buenísimo. Y no lo había leído. Hay tanto que leer.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. gracias Juan, esta bien tener que leer así no nos aburrimos. un saludo.

      Eliminar