viernes, 8 de noviembre de 2013

Los Amos del Tiempo.




Al final, perdieron la partida. Lo intentaron durante mil años y tanta perseverancia, para mí, merece respeto. Pero perdieron la partida. Y nosotros la perdimos: quien algo gana mucho paga.

El ‘Calendario Agrícola’ de la cripta de San Isidoro de León es hoy un objeto cultural. Diapositivas de exámenes. Materia de doctos. Algo que reposa en un Museo. Algo que hay que pagar por ver.

La Rueda del Año es muy vieja. Los romanos la dibujaron en mosaicos. Como Rueda. Los cristianos le dieron formas cuadradas, para remarcar un final: Dios es el Amo del Tiempo. Hubo un inicio, y habrá un final. El Tiempo, esa falacia subjetiva, está ordenada.

Y es presentada como todopoderosa. Los ‘mensarios’ o (mejor dicho en griego que en latín) ‘menologios’ se someten. Se muestran debajo de los ciclos litúrgicos. Se los asimila. O se intenta hacerlo. El tiempo de la ‘gente del común’ es cíclico, como lo es el girar del año y de las estaciones. Si todo es una rueda, nada es definitivo. La iglesia cristiana se ocupa de cambiar eso. El Tiempo es lineal. Un día Dios creó el mundo, y tras una recta sin maniobrabilidad alguna vendrá el Día del Juicio, el fin del Tiempo. Por supuesto, nadie se lo creyó. Por supuesto, todos hicieron como que se lo habían creído.

Hasta ahí, sería teología de escuela. Pero no fue así. Pagaron por esculpirlo y dibujarlo, pagaron caro a muy buenos artesanos para dejar su mensaje sin dudas, sin cuestiones. En los pórticos sagrados. Donde sólo cabía ver, interpretar. Y obedecer. El Señor es el Amo del Tiempo. Por eso suenan las campanas, por eso el día se divide en horas, por eso todo tiempo no entregado a Dios (o al trabajo que Dios envió como castigo a Eva y Adán) es ocio, o pecado.

El problema era mostrarlo, terrible y severo, sin discusión, a los iletrados. Para hacer eso no valían las imágenes simbólicas referidas a un mundo cultural grecolatino. Había que dibujarlos a ellos mismos. Debajo de lo sagrado, sí. Pero reconocibles.

¿Cómo mezclarlo todo? Asociando los trabajos y los días al tiempo sagrado de la Liturgia. ¿Funcionó? La gente del común no escribe. Sólo podemos hacernos ideas, pruebas circunstanciales pero no definitivas, en base a los penitenciarios. Los manuales que enumeran las preguntas que se hacían a quienes iban a confesar. ¿Has ido con tu familia a celebrar un banquete fúnebre? ¿Crees que el eclipse de Luna mengua las cosechas? ¿Has ido a bailar, disfrazada, con otras  mujeres al monte? ¿Fue tu marido con los de su casa en la Epifanía a ‘hacer la cabra’?

Palabras. Había que dibujar. Esto dibujaron. Los trabajos que ordenaban los días. Alguna cosilla se les coló, suele pasar. Ahora lo vemos nosotros, tan lejos ya de aquellos trabajos y aquellos días. Y tan lejos (o eso nos gusta imaginar) de quienes ordenaron poner cada cosa en su sitio y, sobre todos, a los amos del tiempo.


(De izquierda a derecha)

1.  Enero: El inicio del año aparece dibujado como un hombre de alcurnia, no un labriego. Con una mano cierra la puerta de la casa (que aparece repetida) mientras la abre con la otra. No es una figura ‘real’, sino el recuerdo del dios Jano, el de los dos rostros, uno de ellos cerrando el pasado y el otro abriendo el futuro.

2.  Febrero es un paisano, un hombre vestido con capa y capucha sin teñir que muestra manos y pies mientras se calienta junto al fuego. No hay trabajo que hacer, pero el fuego recuerda la fecha sagrada: las luces de la Candelaria.

3.  En marzo se podan las vides y se preparan cuidadosamente. Las ropas, la calidad de la podadera y el hecho de ser viticultor indican que quien trabaja posiblemente es aparcero, o siervo, de un monasterio. El vino es fundamental para la liturgia.

4.  Abril supone el momento de plantar, y la Pascua de Resurrección. El agricultor lleva legumbres en las manos, y va a comenzar su época de mayor trabajo.

5.  ‘El alegre mes de Mayo’ es el momento de las guerras. Vemos al soldado dispuesto a seguir a las tropas. Se ha eludido cualquier otro motivo de fiestas en el mismo mes.

6.  Junio como la siega temprana.

7.  En julio, la gran siega de los cereales panificables.

8.  Agosto muestra la trilla. El instrumento utilizado, un mayal, aparece ya en imágenes de las mismas faenas en dibujos del Antiguo Egipto. Lo usual en la época sería el trillo, de madera con lascas de pedernal como cuchillas.

9.  Septiembre es la vendimia.

10.  En octubre se ceban los lechones, los días menguan y se piensa en terminar de aprovisionarse.

11.  San Martín de Invierno, el once de noviembre, marca el inicio de la matanza. Para entonces se aprovechan los terrenos comunales: se recoge leña, castañas, setas, los frutos que duran o que pueden ser desecados y conservados.

12.    Diciembre está marcado por la Navidad y las celebraciones. Aun así, de nuevo es un gran señor y no un labriego lo que vemos, sentado a la mesa abundante, y anciano por su barba entrecana (en la imagen original de la cripta): el Año Viejo que va a morir, la puerta que enero cerraba.


Bibliografía.

“Calendarios Medievales. San Isidoro de León”, de Ricardo Puente (2009).


6 comentarios:

  1. Curiosamente no todo se pierde y acaba apareciendo por algún lugar por el que nadie se lo espera. El olvido no es eterno y la memoria pervive aunque sea en nuestro inconsciente. Te felicito por el articulo.

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  2. Muchas gracias. La cuestión, como siempre, es meter una docena de libros (gordos) en media página. Debe ser mi karma XD

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  3. De verdad que no vemos las cosas que tenemos delante de los ojos. Gracias por los detalles.

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  4. No hay de qué, Alodia. Gracias a tí por leer y comentar.

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  5. Dominar el tiempo y hacerlo lineal. Que interesante.

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  6. Justo esa idea es la que quería resaltar, la que también para mí es la verdaderamente interesante. Gracias por el comentario, Fearn Fall.

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