viernes, 16 de agosto de 2013

Hipótesis forenses sobre la muerte de Rodrigo Díaz (II).





Muerte natural. Seguimos teniendo casi todo en contra. Nuestro muerto de hoy no muestra en sus huesos haber perdido la vida en una batalla. La verdad es que tampoco nadie jamás nos lo puso fácil. No tenemos descripciones forenses intensivas. Cuentan los huesos. Hay tres cadáveres. Uno es femenino, otro es joven. Haces la cuenta. Difunto, esposa, primogénito. Cuando se hizo la cuenta, seamos honestos, no había estudios de ADN. No sabemos nada, nunca se investigó. Nunca se buscó parentesco, ni tan siquiera mitocondrial, cuando ahora, hoy, sería tan sencillo. Ese joven varón enterrado entre sus padres no tuvo hijos, o no los tuvo legítimos. Pero sus dos hermanas casaron con reyes, y dejaron un larguísimo rastro de ADN. Aun así, no sabemos nada.

Ni falta que nos hace, ahora. No lo mataron en batalla. No se cayó de un camino de ronda, ni de un caballo. Eso nos deja la muerte natural. Y una pregunta. ¿Muerte natural por enfermedad, por vejez, o por viejas y muchas lesiones sumadas?
Ya lo sabemos. Murió de lo mismo que todos moriremos, de un fallo multisistémico. ¿Qué podríamos añadir a la hipótesis de una autopsia?

El Cantar de Mío Cid es muy poco novelesco. No hay en él espectros, ni dragones, ni magos, ni destinos elaborados. Hay una aburrida sesión de etapas de viaje, de batallas reales que salen bien o salen como el culo. Hay hambre, sed, calor, lealtad, vida. La vida de un guerrero de medio pelo del siglo XI. Honesto, sí. O cabezón. O tan impecable, dentro de su mundo, que hablaron de él muerto mejor los enemigos que los presuntos amigos. Si cuentas cosas sin adornarlas mucho –un poquito siempre se adorna, ya se sabe- cuentas que tu protagonista fue herido. Muchas veces, lo normal. A veces sólo dices eso, que fue herido. ¿Una costalada, una costilla, un roce, una estocada que no profundiza y se cose? No lo sabemos. Sabemos que hay grados en lo tocante a relatar percances. Y hay tres. Importantes.

Daroca, 1081. El Cantar dice que su protagonista hubo de reposar (o guardar cama) varios días, no sabemos cuántos, hasta que sanaron sus heridas. Dejemos el poema y el mito. Si tus heridas te hacen reposar unos días, te han cosido. Te han suturado, según las heridas, o con crin hervida de caballo, o con agujas-espinas de pez. Ambas cosas han de cicatrizar antes de alzar los puntos. Hoy mismo, suturas recias no se retiran hasta la semana de haber sido hechas. Atengámonos a ello. Una semana reposando. Imaginemos que no hubo fiebre, si damos por bueno que el texto poco fantasioso habla de heridas y no de fiebres. Supongamos que te levantas al octavo día. Todavía tienes unos treinta años. Ya no eres un pollo, pero eres duro. Te pones en pie, te lavan, te vistes de limpio, hasta te ponen alguna venda y te ayudan a subir a caballo. Y ya está. Levantas la cabeza, soportas las molestias, estás vivo, hay cosas que hacer. Tus cicatrices están cerradas, no tienes fiebre. Un día lo pagarás. Pero ese día no ha llegado, y el futuro no existe.

Albarracín, 1190. Esta vez sí es grave, y existe más de una fuente escrita. En la batalla, Rodrigo Díaz recibió una lanzada en el cuello. Tan profunda y severa que enemigos y amigos lo contaron ya entre los muertos. Muy grave debió ser. No interesó a los grandes vasos del cuello, o se hubiera desangrado antes de rezar el paternóster. Esta vez ya no hablan de unos días, sino de cierto tiempo. Es verano. A diferencia de Daroca, se menciona la fiebre. Fiebre alta. Fiebre recurrente. Si eso podemos considerarlo como hipótesis razonable, hablamos de que ya la persona nunca se librará –en su época- de las tercianas o cuartanas. No se detalla. Paludismo. La enfermedad de las ciénagas, las aguas estancadas y los pantanos. Tampoco eso lo mató. Más tarde, es posible que fuera la segunda y mayor factura que cobrar.

Valencia, verano de 1099. Seguimos teniendo un problema. No podemos acceder a los huesos que reposan en el crucero de la catedral de Santa María de Burgos. Nadie, hasta hoy mismo y que yo sepa, ha pedido permiso para tomar muestras. Muestras tan baqueteadas que posiblemente revelaran muy poco, o nada. Rodrigo Díaz tiene fiebre alta. Una sola de las fuentes recuerda que ‘se le abrieron las viejas heridas’. No es un concepto mítico. Podemos considerar como hipótesis de trabajo una patología razonable: malaria.

Palidez, dolor difuso, sequedad de boca. Una infección antigua puede convertirse en una septicemia. Antes de matarte se te abrirán las heridas viejas. Te sangrarán las encías, te costará enfocar la mirada. Se te inflamará el hígado. Te pondrás pálido, de un pálido amarillo, como la cera. Irás perdiendo la capacidad de razonar, caerás en un coma, y morirás. Antes de ese coma piadoso habrás sentido dolor. Pero estabas entrenado para eso.

No es una posibilidad irracional. No puedo demostrarla sin que alguien estudie los huesos. Se ajusta bastante a lo contado por los cronistas. Si la apuesta acierta, nunca sentaron a Rodrigo embalsamado en un sitial en Cardeña. Tres años de tumba con una muerte que interesara al hígado no hubieran dejado gran cosa que embalsamar, ni gran cosa si embalsamaron.

Por supuesto que nada era tan importante como el homenaje. Cada uno tiene sus héroes, y sus demonios.



Bibliografía


FOSSIER, R, et. al.; “La Edad Media”. Barcelona, Crítica Grijalbo, 1988.
MENENDEZ PIDAL, R.; “La España de El Cid”, Madrid. Espasa-Calpe, 1973.
MICHAEL, I (Edición) ; “Poema de Mío Cid”, Madrid, Clásicos Castalia, 1976.

KRENZER, U. , “Compendio de metodología forense”, 2006.




Imagen: propia, bajo la misma licencia que el Blog.

25 comentarios:

  1. Muy impresionante. Y no soy de los que miran cuando le sacan sangre. Aunque debe de ser importante para tí, mucho, porque no se le dedica algo de ese tipo a alguien que sea indiferente o desconocido. Me refiero a que suena más afectuoso que frío. Me lo parece.

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  2. Gracias por el comentario. Me alegra de que te parezca afectuoso (lo es, o al menos intenté que lo fuera) y no frío. Lo forense tiene tan mala prensa...XD

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  3. ¿Y donde estan enterrados despues de tantas vueltas?

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  4. En el crucero de la Catedral de Burgos. Nada se dice de su hijo Diego cuyos huesos también (se supone) están ahí.

    La lápida (en el suelo) dice: "Rodericus Didaci Campidoctor MCXIX anno Valentiae mortuus.

    'A todos alçanza ondra por el que en buen ora nascio'

    Eximina uxor eius,
    Didaci Comitis Ovetensis filia,
    Regali genere nata.

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    1. No la lápida dice MXCIX i no sería 1119

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    2. No la lápida dice MXCIX i no sería 1119

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  5. "Rodrigo Díaz, campeador
    murió en Valencia el año 1099.

    'A todos alcanza honra por el que en buena hora nació.'

    Jimena, su esposa
    hija de Diego, Conde de Oviedo,
    nacida de estirpe real."

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    1. año 1119 M=mil C=cien X= diez y IX= nueve (diez-uno)

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    2. Perdón año 1119 M=mil C=cien X=diez IX= nueve (10-1) 1099 sería MXCIX

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    3. Perdón sería año 1119 M=mil C=cien X=diez y IX= nueve
      1099 sería MXCIX

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    4. sería año 1119 M= mil C=cien X=diez y IX= nueve
      1099 sería MXCIX

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    5. sería año 1119 M= mil C=cien X=diez y IX= nueve
      1099 sería MXCIX

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    6. Muchas gracias por corregir tan amablemente una errata, Anónimo. Esas cosas n, y por suerte siempre hay unos ojos atentos. Y gracias, por supuesto, por haberlo leído. Buen agosto (con vacaciones, ojalá) para ti.

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  6. Gracias, Aur. Ese día estaba la cámara de buen humor.

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    1. La primera es de un mural contemporáneo del claustro de la catedral de Burgos, representando al Cid. La otra, u detalle de la estatua de Jimea en el puente de Sa Pablo sobre el Arlanzón, popularmente llamado 'Puente de las figuras'.

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  7. Las viejas heridas. Especial, desde luego. Novedoso.

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  8. Como lo forense tiene mala prensa (o directamente, da repelús) te agradezco mucho el comentario. Y me alegra en lo personal que te parezca 'novedoso'.

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  9. Hay que ver lo vivo que parece. Mejor dicho, lo muerto.

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  10. Gracias, Len. Lo tomo como un cumplido XDD

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    1. Digamos que se sale u poco el artículo clásico, vale...¬¬

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