La niña lloraba
mientras la figura de su madre se perdía en la lejanía sin mirar atrás. Dejó de
hacerlo cuando se dio cuenta que se había quedado sola. En diciembre había
cumplido los 5 años y era una niña lista que sabía perfectamente que aquel no
era un lugar seguro.
─ Baltasara
espere no me deje aquí sola… no quiero que me coma ninguna alimaña…
La mujer se
volvió y espero que la pequeña llegara a su altura, le dio la mano y se
pusieron andar. La mujer comenzó hablar sin descanso y la pequeña Paquita
escuchaba absorta lo que le contaba y a la vez la observaba intentando
encontrar aquella mujer que había llenado escenarios, vestido de hombre y
llevado las mejores obras de Lope y Calderón a los corrales de comedia.
La Baltasara
era una mujer templada, tranquila y que las tablas de los teatros las llevaba
pegadas a sus pies.
─ ¿Estás muy
callada, te ha comido la lengua el gato. ¿O es que no te alegras de ver a tu
madrina?
─ Es usted la
primera Santa viva que veo y que además es mi madrina.
La Baltasara
sonrió
─ Niña lista,
tienes respuesta para casi todo, pero eso de ser primera dama del teatro
no se yo si es una buena idea…
La niña volvió
la vista atrás por un momento, era la primera vez que abandonaba Madrid y que
estaría separada de su madre tanto tiempo. Pero la abuela Rafaela había
muerto y ya no había quien la cuidara cuando sus padres viajaban por los
corrales de comedia.
Aguantó el
llanto y siguió escuchando a su acompañante mientras miraba lo que la rodeaba.
No sabía muy bien a dónde se dirigían, pero por sentido común los santos y
santas estaban en el cielo. Por lo que ella pensó que se dirigían allí.
Comenzaba a
atardecer cuando llegaron a la cueva y la ermita de San Juan Bautista. Había
movimiento, la gente iba y venía. Baltasara entro en la cueva seguida de
la niña. Paquita miraba con interés todo lo que le rodeaba. Había grupos
pequeños de mujeres que conversaban y algunos niños jugaban fuera.
─ Tú dormirás
conmigo, por lo menos esta noche, allí esta mi jergón deja tus cosas. Ahora
saldremos y te presentaré a los demás.
La gente se fue
arremolinando en la entrada de la cavidad para conocer a la recién llegada. La
gran mayoría eran mujeres mayores, algunas más jóvenes, y niños que la miraban
entre curiosidad y diversión.
─ Os presento a
Paquita nieta de Rafaela la Cordobesa comadre mía de los años del teatro, se
quedara con nosotras por tiempo indefinido. Todas se fueron acercando dando la
bienvenida a la ahijada de la Baltasara, poco después ya jugaba con los niños
como si llevara años allí.
Su madrina le
explicó que aquello no era el cielo pero que le parecía bastante. Era una
comunidad de mujeres artistas que a ojos de la sociedad y de la Iglesia vivian
en santidad. Era la única manera de ser libres.
La niña con el
tiempo fue entendiendo lo que le contó aquella primera noche su mentora.
Excepto los domingos que el cura del pueblo más cercano subía a celebrar misa y
las fiestas de guardar el obispo las visitaba. Aquel lugar era muy tranquilo.
Aprendió
a leer y a escribir, ayudaba en todo lo que podía. Los niños algunos
habían nacido- allí otros venían como ella para quedarse. Cuando llegaba la
curia desaparecen. Para no causar escándalo. La niña había mamado el mundo del
teatro pero allí conoció otra cara del mismo.
La historia que
mejor conoció fue la de la propia Baltasara, que tenía mil nombres y mil caras.
Podía ser un bravo guerrero, un galán, un cura, una anciana, una joven
doncella, una aguerrida reina, todo aquello que imaginaran. Todavía guardaba trajes
y algunos muebles de viejos tiempos y a veces, cuando la melancolía la visitaba
preparaban una función para todo los públicos.
En contadas
ocasiones la matriarca desaparecía por unas horas y regresaba con
una nueva incorporación.
Teresa, que
logró volver de Italia donde la compañía de teatro donde trabajaba dejo de
gustar a los espectadores. Maria la Blanca que fue una acusada de vivir
amanceba y condenada a galeras,
Beatriz que al
igual que la Baltasara se cansó de aquel mundo en el que eras todos y nadie, y
propiedad del público. Que la compañía dependía de ellas y que por muy
empresaria que fueras siempre dependían de un hombre.
A veces había
matrimonios ventajosos donde nadie preguntaba, pero otras no. Eso le pasó a
Beatriz que salió huyendo de un marido que no tenía suficiente y la ofreció al
Duque de Osuna, o al Marqués de Villamediana sin tener su opinión en cuenta. El
gallo era un pozo sin fondo, en todos los sentidos además de tener una flor en
el culo. Ya que no pudo deshacerse de él, fue ella la que escenificó su gran
final. Cambio de nombre y de vida.
Y allí creció
Paquita siguiendo el legado de su madrina, cambiando el ser la primera dama del
teatro en el Siglo de Oro por ser una mujer libre y ayudando a otras a
serlo en aquella sierra de Murcia donde casi nadie llegaba.
P.S La Baltasara fue una actriz del siglo de oro que
llego a ser autora, que mantenía a una
troupe de actores y que si ella no salía, no había espectáculo y no comían. Por
ahí os dejo un enlace sobre ella.
https://es.wikipedia.org/wiki/Francisca_Baltasara

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