─ Huele a
lluvia─ Dijo mientras cerraba la puerta y el último cliente desaparecía
en la penumbra.
Hecho la
tranca para no tener sustos. Subieron las escaleras, mientras hablaban bajo
para no despertar a quienes dormían y cuando casi habían conciliado el
sueño escucharon ruido en la taberna.
Iñigo bajó
primero blandiendo su espada ella detrás con un objeto recio que era lo
primero que había logrado coger. Todo volvió a quedar en silencio y entonces
llamaron a la puerta, insistentemente.
─ Abran la
puerta a la Santa Hermandad─ gritó una voz desde fuera.
Ahora fue Lola
la que candela en mano se acercó a la puerta y la abrió
mientras los mozos y las mozas que trabajaban en la casa al escuchar ruido
hicieron acto de presencia.
─ Buenas noches
tengan vuesas mercedes, ¿que se les ofrece a estas horas?─ los saludo Lola
─ Han matado un
hombre y estamos buscando a quien lo hizo.
─ Entren que no
tenemos nada que esconder en esa Santa Casa. Dos mozas, dos mozos que para mi
trabajan, e Iñigo de Santa María a quienes ya ustedes conocen, dos mulas, un
asno y algunas gallinas además de servidora somos lo que aquí habitamos.
La registraron
y no encontraron nada fuera de lo habitual, dieron muchas gracias y se
disculparon, algunos de ellos eran habituales de la taberna. Lola cerro la
tranca de nuevo. Y espero a que los pasos se perdieran en la lejanía. Apago las
candelas y mando a todos a dormir. Inspeccionaron la bodega. Todo
estaba en silencio y en su lugar.
─ No entiendo
como habéis podido entrar con vuestro gordo culo. Salid antes de que Lola
comience a echar en falta su famoso vino.
Fray Francisco
de Santa María salió de entre las sombras y abrazo a su hermano, y a la dueña
de la taberna.
─ Que os
persiga la Santa Hermandad es nuevo… esta vez no venís solo…. ─ dijo Lola
mientras señalaba a quien estaba tras él.
─ Este es el
hermano Hernando para los hombres y la hermana MarÍa para dios y para mi. Y el
motivo por el que huimos es la muerte de un hombre, como dicen los de las
mangas verdes.
Bebieron
vino a la luz de la vela mientras Francisco les fue desgranando su
historia. María pertenecía a una rama secundaria de la familia Tierras
Bermejas, tenía un hermano que heredaría, por lo que a ella la destinaron a la
vida religiosa. Era feliz en el convento en la biblioteca como ayudante de
Francisco donde se había fraguado su historia de amor prohibido.
Algo demasiado
complejo y que los hombres no entendían. Como alguien que había nacido hombre
se sentía mujer y amaba a otro hombre. Pero Francisco lo entendió y para ella
era suficiente.
Pero la
cosa se complicó. Cuando recibieron la noticia que su hermano Rodrigo había
muerto en un desgraciado accidente. No habiendo descendencia en su persona,
recaía la responsabilidad de casarse con la prometida de su hermano y tener
descendencia.
María pidió un
poco de tiempo a su familia para poder despedirse de sus hermanos y dejar todo
atado. Ambos decidieron huir y tomar un barco a las Indias y buscar una nueva
vida allí.
La noche
de la huida alguien los descubrió, uno de los caballeros de su padre hacía
guardia cerca de la casa de los monjes. Antes de que el desdichado pudiera
decir nada la pareja logró que perdiera el equilibrio con tan mala
suerte que al caer se dio en la cabeza y murió.
Tenían
pisándoles los talones a la Santa Hermandad y a los esbirros contratados por su
familia, para que la llevaran a casa. Francisco había pensado en su hermano
Iñigo y en Lola como última escapatoria.
Entonces
escucharon que volvían a llamar a la puerta insistentemente, con el suficiente
ruido para llamar la atención de todo el barrio. Lola volvió a tomar el objeto
romo y subió a la taberna preguntando quién se atrevía a llamar aquellas horas.
Mientras Iñigo
se despidió de los fugitivos dándoles algo de dinero y ofreciéndoles una
huida segura. Después la que se armó en la taberna fue épica, Lola abrió la
puerta: tres hombres entraron…
Iñigo
con su espada, Lola con lo que encontró y los de la casa con lo que
tenían a mano dieron cuenta de ellos, los bañaron en vino y llamaron a la
Santa hermandad que como siempre no llegaron a su hora.
Lola contó que
aquellos hombres habían entrado con amenazas, que aquella noche ya habían
estado buscando reyerta mientras estaba la taberna abierta, que después
volvieron en busca de más y que ellos simplemente se habían defendido
buenamente como pudieron.
A los maleantes
se los comió la tierra y durante dos días la taberna estuvo cerrada.
Iñigo
seguía ganándose la vida con su espada y escribiendo por las noches su vida en
una novela y soñando que algún día la publicaría. Lola
regentando la taberna de noche y de día estudiando para poder enseñar a otras.
A veces llegaba
una carta de las Indias de la prima María y entonces soñaban con las historias
que ocurrían al otro lado del mar.

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