Había sido un verano maravilloso, pero no me di cuenta de ello hasta mucho tiempo después. Estaba en la frontera de la mayoría de edad y el viaje de fin de estudios se cancelo por una serie de contratiempos.
Aprobé la selectividad y después de mucho pensarlo acepte tomarme un año sabático antes de elegir que carrera estudiar. En septiembre todavía sin mucha idea que haría con todo un año por delante, mí madre me anuncio que su amiga Francoise le había llamado y que nos invitaba a pasar dos semana a Andalucía.
Milagros la madre de Francisca tenia una casa en Úbeda y allí nos recogió a todos como ella decía. Julie la hija de Francoise era de mi edad, e hicimos muy buenas migas aquellos días. Nuestra anfitriona camino de las ochenta primaveras para disgusto de su hija y nieta las llamaba por sus nombres en castellano.
Fueron unos días llenos de luz, excursiones, risas, buenos momentos, confidencias. El tiempo fue eterno en aquellos días. No había tiempo para el aburrimiento. Lo único que me mantenía en vilo que haría cuando volviera, y ese símbolo se manifestaba al mirar mi maleta.
Julie, con la que compartía habitación, se reía de mi como si mi penuria fuera lo mas gracioso que había escuchado nunca. Milagros nos miraba discutir medio en broma medio en serio. Una noche nos conto esta historia que paso a reproducir y que tenia como protagonista también una maleta.
"Corría la madrugaba del 14 de diciembre de 1591 aquí en la ciudad de Úbeda donde murió San Juan de la Cruz ,fraile, místico, doctor de la iglesia, poeta y reformador de la orden del Carmelo.
A ello había venido al convento de San Miguel a renovar la orden y que si hicieran carmelitas descalzos. Y aquí lo encontró la muerte.
Hizo muchas cosas en su vida pero una de las más sorprendentes es lo que paso con su cuerpo terrenal después de dejar este mundo. Según los estatutos donde muere un hermano debe ser enterrado.
Y así fue, pero no habían pasado ni dos años cuando desde Segovia llegaron Ana Peñalosa benefactora y seguidora acérrima del carmelita, en compañía de su hermano para llevarse los restos del místico. Al estar incorrupto hicieron todo lo posible para poder llevarse el cuerpo del santo en una maleta. Y poder venerarlo en el convento de los Carmelitas Descalzos de la ciudad de Segovia.
Aquí comenzaron los litigios entre unos y otros. Aquí se quedo una pierna y todo lo demás emprendió viaje. Los de aquí pidieron al Papa Clemente VIII que intercediera para que volviera el poeta a Úbeda.
Este escribió Expositum Nobis, para ordenar que regresara Juan a su lugar de descanso. Entre idas y venidas en 1607 regreso la otra pierna y un brazo. Y hay noticias de reliquias que han aparecido por otros lugares de la península, por lo que dudo que el pobre hombre pueda alcanzar reposo.
Este hecho es famoso, que ya Miguel de Cervantes lo cuenta en el Quijote, exactamente el viaje tan particular de los restos mortales de Juan desde Úbeda hasta Segovia.
Y curiosamente su gran amiga Santa Teresa de Jesús también sufrió un destino parecido ya que sus reliquias y su cuerpo ha sufrido aventuras que servirían para escribir varios libros y algunas de ellas no muy lejanas en el tiempo. "
Así que María no temas a esa maleta que esta vacía, ya que tiene espacio para llenar de lo que tu quieras, peor seria que tuvieras al santo metido dentro.
Milagros se despidió de nosotras con una medio sonrisa, nos retiramos poco después. Ya en la habitación, abrí la maleta para cerciorarme que no había ni reliquia, ni nada que se le pareciera.
Quedaban ya poco días para el temido retorno, los disfrute y me llene de abrazos, paisajes y recuerdos. De futuros planes y la certeza de que cuando quisiera podría regresar.
Julie y yo prometimos escribirnos y mantener el contacto. Una etapa se cerraba, otra se abría. Con una única verdad que fui descubriendo con el paso de los días y a base de tomar decisiones sobre mi futuro. Que lo mejor de aquel viaje fue que deje mi miedo perdido por los cerros de Úbeda
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