martes, 13 de junio de 2017

Diferencias









Nunca pensó en regresar, ni el volver aquella estación. Se había jurado muchos años atrás, olvidar todo lo que sucedió en aquel pueblo cuyo nombre muy pocos recordaban. Bajó del tren mirando a su compañera de viaje. Sus ojos hacían tan solo una pregunta: ¿Que hacemos aquí?

No recordaba haberse quedado dormido y ni siquiera haber salido de viaje. ¿Había llegado su hora?¿Era la muerte quien lo acompañaba?
Nada de túnicas negras ni capuchas, ni la famosa guadaña. Siguió el camino que trascurría la vereda, vació con paso lento y sin prisa. Era una vela, una bandera blanca que señalaba su camino. Camino tras ella. Recordaba los lugares donde  jugó, el primer beso a una pecosa pelirroja, detrás del pilón de la fuente, los amigos, los trabajos,su mujer, las despedidas y el motivo por el que se marcho...Ya no dolía tan sólo a veces escocía, era como esa postilla que sabemos que esta ahí y no se cae y necesitamos quitarla cueste lo que cueste. 

Llegaron a una casa de puerta verde  y macetas con geranios rojos en los balcones, la mujer llamó a la puerta y esta se abrió sola,  entró. Él se quedó en el umbral escuchando.

El hogar estaba encendido y  la madre  y el niño dormían en el lugar mas tibio, la abuela se levantó y escuchó que la puerta de entrada  era movida por el aire, salió de la cocina. Había sido una noche larga, la abuela les dio la bienvenida. Después de todo el abuelo regresó para ver a su nieto. 

Cerró la puerta y los invito a entrar se sentó en la mecedora mientras hacia labores. Las dos visitas miraron a la madre y al hijo durante largo tiempo.

La anciana sonreía con melancolía el día del accidente habían discutido seriamente sobre una tontería. El tren nunca llegó a su destino. Él se acercó y la beso en la nariz como solía, antes de desaparecer en el hogar. Había regresado a casa para quedarse.


Imagen propia bajo la misma licencia que el blog. 


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