domingo, 28 de diciembre de 2014

Moros en la costa (II)




Cada vez que oía cruzar la avenida a una moto de gran cilindrada o a un coche chuleando le volvían a temblar las manos. Un temblor que seguía por la boca del estómago, le encogía las piernas y le arrugaba las pelotas. Tenía que serenarse. Tenía que hacer algo antes de que le costara un pastizal hacerse un bypass en Miami. O más cerca, que bien jodido estaba. María del Pilar, dijo el cura mil años antes, cuando los casó. Mi casa hecha pedazos pero no desvalijada. Pili, en qué mierda te has metido. Y qué hago yo ahora, María del Pilar, qué hago.

Eusebio Trías apartó los canelones magníficos recién sacados del microondas. Apartó las pastillas para el estrés, todas con receta, y se sirvió un whisky muy largo. Ésta es la cagada, Eusebio. A ver en quien confías.

Le dio por reír mientras marcaba después de rellenarse el vaso sin hielo. Jacobo, su trabajador en negro. El que va de ecológico o como se llame, vive en un piso sin ascensor y siempre mira educadamente con un ‘no te pases’ implícito.

Me va a mandar a la mierda o me va a hacer chantaje, seguía pensando mientras oía el primer tono. Hubo tres. Se comió lo de es medianoche, que lo era. Y salió a escape tras citarse. ¿Con un tío raro? Con la única brizna de esperanza que le quedaba. Y un poco pedo.

Cuando entraron al piso de Tardóniz, Jacobo no necesitó espolear su imaginación. Por allí no había pasado una cuadrilla de limpiacasas. No habían robado tecnología, ni lo fácil. No habían robado, lo habían destripado todo, sofás, colchones, cajones, alacenas, muebles. Buscando. Miró varias veces a Estela. Sobre todo tras escuchar la llamada que Tardóniz tenía en el contestador. Faltan muchas piezas, decían sus ojos color musgo. Cierto. Joaquina procesaba detalles, telefoneó a Rober, y Eusebio Trías, alias Tardóniz, estaba no al borde si no más allá del ataque de nervios. Algo se te ha de ocurrir. Jacobo dijo:

-Como se dice en una novela, ‘Y ahora, a dormir’.
-¿Y si vuelven?
-O nos pagas un hotel razonable a todos o nos quedamos, y a ver si vuelven –pero no pudo evitar casi reírse- Tardóniz.
-¿Cómo?

-Es tu nick: pagas tarde y mal, tardas. Tardóniz. Pero tranquilo, que nos quedamos. Y ahora, a dormir.




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