jueves, 10 de octubre de 2013

Un instante, o un eón.



Las leyendas e historias  se cuentan de abuelos a nietos cerca del hogar, o son aprendidas por juglares y cuentacuentos para el disfrute del pueblo. Muchas andan los caminos sin importar el tiempo pasado. La historia que vamos a relatar en esta ocasión ha recorrido el camino de Santiago y se cuenta que ocurrió en lugares fuera de nuestras fronteras y dentro de ellas.

Virila vivía en el monasterio de Leire en compañía de  sus hermanos de fe, siendo el abad de todos ellos. Contaba con muchos años y entre los suyos era tenido por hombre de respeto y sabio.
Había una pregunta que rondaba  su mente, a la que no encontraba una respuesta satisfactoria. No comprendía como podía vivir alguien eternamente en la gloria del Señor y ser feliz.

Entre sus rezos le pedía a Dios que le diera una respuesta a aquella pregunta. Salió una mañana como solía a recrear su alma  y su mente en los bosques que rodeaban el monasterio antes de dedicarse a los quehaceres del día.

Solía detenerse en una fuente a descansar y escuchar los sonidos de la naturaleza, en aquella ocasión la de una naciente primavera en su cenit. En algún lugar no muy lejano el trino de un ave sonó, sembrándolo, y el fraile se abandonó ante aquel sonido que lo llenó de paz y sosiego.

Dando gracias al Señor por aquel momento único, se dispuso a desandar el camino. No sabía si el canto del pájaro lo había embrujado ya que los arboles le parecían más crecidos,  y el camino no era el mismo que había recorrido anteriormente.

El convento parecía haber crecido y los hermanos no eran los que él conocía. Llamó a la puerta  y el hermano portero después de que contara su historia y ver su aura de paz y santidad, lo llevó ante el abad que regía el monasterio  entonces.
Buscaron entre las crónicas y encontraron que había existido trescientos años antes un abad llamado Virila, que había desaparecido un día sin regresar.

El abad al entender que había pasado tanto tiempo, encontró la respuesta que tanto buscaba. Si habiéndose quedado embelesado durante unos segundos ante el canto de un ave habían pasado tantos años, entendió que el tiempo no pasaba de igual manera en el reino de los cielos que en la tierra, por lo que no había que preocuparse de dejar de ser feliz.

Unos dicen que murió entonces feliz de entregarse a la gloria de Dios, otros  que vivió muchos años entre sus nuevos hermanos haciéndose más extensa su fama de sabio místico y santo. Convirtiéndose de nuevo en abad de todos ellos.
Con el tiempo la fuente en la que ocurrió el milagro recibió el nombre del Santo, y junto a Alodia y Nunilona se convirtió en santo venerado del Monasterio de Leyre.

Fuente Imagen: Wikipedia, articulo monasterio de Leyre usuario: GFreihalter. 


7 comentarios:

  1. Posee el encanto antiguo: el de los cuentos contados junto al fuego, con una luz, un calor, y una realidad. Me ha gustado. Investigar en los deseos (siempre, para siempre) y darle una forma cotidiana. Hay mucha magia en tí. Espero que nos la vayas mostrando.

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  2. gracias el placer es mutuo, de ti he aprendido mucho y se que seguiré haciéndolo. :)

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    1. gracias por el comentario Lucas y tu respuesta ha sido muy calida también gracias.

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  4. Me gusta lo que ya se ha dicho, la calidez.

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    1. La verdad es que de vosotros al leeros también aprendo, veo lo que os hacen sentir los escritos y veo de otra manera la historia, gracias Encina.

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