viernes, 18 de octubre de 2013

Mochila azul, mochila verde: Alguna vez hay que dejarlo.




 Todo lo que tememos es muchísimo peor que la realidad. Alguna vez hay que dejarlo. En aquel entonces yo padecía  una sinusitis de troll –lo de troll, por los mocos y demás- y me pareció buena idea acudir a la sauna una vez en semana, por lo de los vapores y el alivio, mientras me tocaba pasar por quirófano. Buena idea. Para las narices.

Claro que en la sauna había personas. Normal. Y era la caldera de Pedro Botero, y la ducha helada, y se salía bien de allí, todo rosa y respirando. Ya. Hubo un intervalo, el clínico ya citado, y llegó el otoño temprano y yo le seguía dando vueltas.

Entonces decidí que antes de que el breve otoño me diera una excusa convirtiéndose en invierno me piraba una semana a un camping nudista. Me había sentido incómodo en la sauna un día tras otro, entre doñas y doños en bolas. Y nadie me había mirado ‘especialmente’. Era yo, que tenía el cuerpo como un mapa de cicatrices y me daba vergüenza. Pues si era yo, arreglo tenía.

Te haces esas preguntas que respondes tú mismo. ¿Es buena idea? Un poco de relax siempre lo es. ¿No necesitarías ayuda profesional? Claro, la mía propia. ¿Alguna de tales hazañas ha acabado mal? Alguna. ¿Alguna ha acabado como el culo? No. Ninguna.

Hice la mochila azul y me planté allí tras informarme de las normas de convivencia. Pedí prestado un bolsopaja. Yo fumo, hay que guardar el tabaco y el mechero. Y además el sol me mata, para meter el bote de pantalla total. Y todavía moqueaba, los moqueros. Y la toalla sobre la cual has de sentarte en los lugares públicos del camping nudista. Vale, fue la primera vez que entendí en primera persona para qué sirve un bolso enorme, de paja. Y me lo aprendí como la tabla del nueve.

Con un sombrero de paja, el bolso de paja más grande que el del teletubbie morado, la mochila y los aperos llegué. Y con una cara de novicio pardillo de las que se notan y mucho, así que mejor que se notara. Había elegido lo que menos me gusta y lo que pensé más instructivo. Bungalow compartido de literas. Al menos habría otras y otros –seis por bungalow- despelotados, y lo mismo contaban cosas interesantes. De todos modos, una vez que se ha cruzado un puente ya no hay más, y eso relaja.

Un camping y playa nudista estaba a una distancia… ¿’prudencial’? del pueblo. Pero la gente tenía auto, y así nos movimos un poco por el entorno. Vistiéndonos antes, claro. En realidad eso de ir a ver lugares o a tomar una cerveza en este pueblo o aquel me daba lo mismo.

 Mi problema era otro. Duró unas cuarenta y ocho horas, y tampoco puedo decir que se tratara de un reto, de una batalla, de una victoria o de un mérito personal. No. En 48 horas me había olvidado. Veía a las personas y veía sus cuerpos sin pensar en nada salvo en aquello que decían en cada momento. Como haber borrado la Tv, las opiniones, las tendencias, el tiempo mismo. Todo el mundo tenía una historia, en bolas o vestido. Yo tenía un mapa de cicatrices. Y ya no había ninguna diferencia. Alguna vez hay que dejarlo. En serio. Las obsesiones irracionales que tenemos, que cada cual tiene la suya.



Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

6 comentarios:

  1. No se si yo haria algo así, pero contado tampoco parece nada tan difícil. Seguro que sí es difícil. Somos más cortados y todo eso de lo que decimos.

    ResponderEliminar
  2. Contado y hecho literatura parece un poco más sencillo. Pero vamos, tampoco el fin del mundo XDD

    ResponderEliminar
  3. No la había leído Eres un tipo raro,Thorongil

    ResponderEliminar
  4. Soy un tipo que intenta racionalizar sus miedos para poder saltárselos, Juan.Se puede vivir de muchas maneras, pero no merece la pena vivir con miedos.

    ResponderEliminar
  5. ANUDISCAN. Asociación Nudista de Canarias. Paco Ojeda Ramírez. Presidente. Esta foto es nuestra.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo es. Lamento si se han sentido ofendidos, no es un blog con ningún interés económico. Queda retirada.

      Eliminar